La música produce en las personas «una huella molecular medible», esto es, que los genes «responden de manera diferencial» ante una pieza musical, un patrón de respuesta que, además, es distinto en aquellas personas con Trastorno del Espectro Autista, deterioro cognitivo o daño cerebral.
Esta es la conclusión principal de los cinco años de estudio del proyecto Sensoxenoma que, a través de la aportación de 5.000 participantes y 1.500 donantes, está iniciando el camino para descubrir de qué forma los estímulos sensoriales, concretamente la música, producen cambios moleculares en el cuerpo humano y, a largo plazo, abre la puerta a desarrollar terapias en este sentido.
Los investigadores principales de este proyecto, Antonio Salas y Federico Martinón, han presentado este jueves las principales conclusiones alcanzadas hasta ahora en un estudio que plantean que sea de largo recorrido y que abre ahora un nuevo interrogante: por qué se producen estos cambios y como pueden aprovecharse científicamente.
Entre los resultados que ha producido hasta ahora el estudio -que analizó saliva, sangre y lágrimas de los voluntarios antes y después de escuchar piezas musicales–, los que más interesan a los investigadores son los relacionados con los resultados en personas del espectro autista o con deterioro cognitivo.
«Estos pacientes, por algún motivo, tienen una sensibilidad molecular que las otras personas no tienen», ha explicado Antonio Salas para evidenciar que en estos casos «se activan más genes» tras escuchar música y estos, además «se comportan de forma correctora», esto es, se desvían menos o nada del comportamiento que deberían tener en el caso de personas sin estas patologías.
Por su parte, Federico Martinón se ha congratulado de la evolución de un grupo de trabajo que está «avanzando en un campo que hoy ya es una disciplina, o al menos una línea estable de investigación», y que antes no existía. «No estamos diciendo que la música cure el Alzheimer, pero sí queremos desvelar las bases biológicas para utilizarlo», ha dicho el experto.
Sensoxenoma nació en septiembre de 2022 para estudiar de forma sistemática la respuesta biológica humana ante los estímulos musicales, con la hipótesis de que un estímulo sensorial podía producir una respuesta física y medible. «Exploramos en la nada, en el vacío, no había nada más que intuición», ha explicado Antonio Salas, para ilustrar la ausencia total de investigaciones o publicaciones similares con anterioridad a este proyecto.
La iniciativa fue concebida y se desarrolla íntegramente por los grupos de investigación GenPoB, liderado por Antonio Salas, y GenVip, liderado por Federico Martinón, con la coordinación de la doctora Laura Navarro Ramón.
CONCIERTO
El 25 de septiembre, el concierto Sensoxenoma26 servirá de marco para celebrar el quinto aniversario del proyecto, convirtiendo de nuevo el Auditorio de Galicia en un «enorme laboratorio ciudadano». Como en años anteriores, se recogerán muestras de sangre, saliva y lágrimas. Alrededor de 200 personas del público participarán como donantes gracias a la colaboración con doce asociaciones de pacientes y con las personas voluntarias que se inscriban a través de la web del proyecto.
La investigación cuenta también con la colaboración de la Real Filarmonía de Galicia, la Banda Municipal de Música de Santiago de Compostela, el Ayuntamiento de Santiago, el Consorcio de Santiago y el Auditorio de Galicia, además de la USC.
«Ya no solo nos preguntamos si la música produce una respuesta biológica, sino que mecanismos están implicados, cuanto dura esa respuesta, como varía entre personas y si podemos utilizarla para comprender mejor los procesos relacionados con la salud», señala Federico Martinón.
OTROS RESULTADOS
En conjunto, los estudios analizados sugieren efectos favorables de las intervenciones musicales en diferentes dominios, entre ellos la interacción social, determinados componentes de la comunicación verbal, el comportamiento y la calidad de vida. Los autores señalan el potencial de la música como intervención no invasiva y atractiva, pero subrayan también la heterogeneidad de la evidencia y la necesidad de estandarizar mejor las intervenciones y las medidas utilizadas para evaluar sus efectos.
Otro de los resultados destacados procede del estudio del proteoma de las lágrimas. Mediante espectrometría de masas, el equipo analizó miles de proteínas en muestras recogidas antes y después de un estímulo musical estandarizado, incorporando cohortes independientes de participantes expuestos la música y grupos de control no expuestos. El análisis identificó 14 proteínas con cambios reproducibles tras la estimulación musical.
Las proteínas y redes identificadas convergen en procesos relacionados con la defensa del organismo y la inmunidad innata, la inflamación, y señalización extracelular.
La clave del hallazgo es su reproducibilidad. La firma molecular no solo diferenció las muestras tomadas antes y después de la estimulación musical: el efecto apareció de forma concordante en dos cohortes de donantes correspondientes la dos años diferentes y no se observó el mismo patrón en los dos grupos de control sin exposición musical.

