El Grupo Operativo Oliveiras de Galicia ha concluido tres años de ensayos con resultados positivos para la recuperación de 11 variedades autóctonas de olivo.
Este jueves se han presentado los resultados que «confirman que las técnicas de estaquillado clásico y micropropagación in vitro son complementarias y permiten diseñar una estrategia específica para cada variedad».
Por tal motivo, no existe una única fórmula para multiplicar las variedades autóctonas de olivo recuperadas en Galicia. Estos resultados compartidos este jueves con el sector suponen un paso más para que este patrimonio genético único pueda llegar a viveros y productores.
En concreto, ya se ha transferido material vegetal a los viveros y ahora, en la siguiente fase, se llevará a cabo el escalado industrial de ambas metodologías. De tal forma, en los próximos dos años habrá más planta disponible.
El comportamiento de las once variedades estudiadas en diferentes condiciones edafoclimáticas es una de las líneas que deberá continuar más allá de este grupo operativo para orientar la investigación hacia las necesidades prácticas de la futura olivicultura gallega y desarrollar una denominación de origen protegida (DOP) de aceite de Galicia.
ESTUDIO
Al evento de este jueves asistieron representantes del consorcio integrado por la Fundación Juana de Vega, la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC), las empresas Ouro de Quiroga y Olivar Concordia, Cultigar y la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (Agacal), que participa como socio cooperante, así como una amplia representación de particulares y profesionales del sector hortícola.
Entre 2023 y 2026, este proyecto de innovación trabajó en paralelo en la multiplicación de 11 variedades autóctonas previamente identificadas (Brava Gallega, Brétema, Carapucho, Carmeliña, Folgueira, Hedreira, Mansa Gallega, Maruxiña, Susiña, Xoana y Santiagueira) mediante dos vías complementarias. Por un lado, la multiplicación por estaquillado, desarrollada por la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC), y, por otro, la micropropagación in vitro, a cargo del laboratorio de biotecnología Cultigar.
Los resultados demuestran que la capacidad de multiplicación está fuertemente condicionada por la variedad y, en el caso de la multiplicación por estaquillado, también por la época en la que se realiza la recogida de material vegetal de las plantas madre.
En los ensayos con las once variedades, el enraizamiento medio mediante estaquillas semileñosas pasó del 19% en invierno-primavera al 61% en verano-otoño, mientras que la supervivencia aumentó del 51% al 73%, respectivamente. En este ensayo, Carapucho, Susiña y Brétema alcanzaron entre un 86% y un 100% de enraizamiento en la época de verano-otoño, mostrando una elevada aptitud para este sistema de multiplicación. Santiagueira y Xoana, por su parte, mostraron una mayor dificultad de enraizamiento mediante estaquillado.
«Precisamente estas diferencias explican la importancia de haber desarrollado en paralelo una segunda vía de multiplicación», explican los autores del estudio. El proyecto también consiguió establecer protocolos de micropropagación in vitro para las once variedades estudiadas. Carapucho, Susiña, Mansa Gallega, Brava Gallega y Santiagueira alcanzaron una media aproximada de 2,5 brotes por explanto en ciclos de cultivo de 30 a 40 días. Maruxiña, Xoana y Brétema mostraron mayores exigencias durante el cultivo, por lo que todavía existe margen para seguir optimizando los medios utilizados en el laboratorio.
Uno de los datos más relevantes in vitro es que, pese a estas diferencias en la velocidad de multiplicación, las once variedades propagadas mediante esta técnica alcanzaron entre un 90% y un 100% de enraizamiento y supervivencia en invernadero.

