Arantza Portabales vuelve con su prosa a Loeiro, esa ubicación literaria que envuelve la Loira donde creció, y lo hace con una novela «más oscura y angustiosa» que su predecesora, en la que aborda el peso de la memoria y la «crueldad», los desafíos, que hay detrás del papel de la mujer en los años 70.
«La violencia más grande que hay en la novela no es la física, hay una violencia estructural machista contra las mujeres de este pueblo que realmente es asquerosa por momentos», reconoce, en una entrevista a Europa Press tras capitanear una visita guiada a los lugares de su infancia y de su nueva novela, ‘Asesinato en el molino del cura’ (Lumen).
Portabales asegura que ha escrito este nuevo libro «más madura» y «más segura», algo que transmite, junto con la pasión de los escenarios por los que transcurre, con sus palabras. Esto le ha permitido, admite, articular una trama «bastante más oscura» y abordar temas menos ligeros.
Lo ha hecho, añade, «porque lo necesitaba la trama» de los ‘Crímenes de Loeiro’ que inauguró ‘Asesinato en la Casa Rosa’. «A mí no me gusta nada la violencia gratuita, pero tampoco me gustan las líneas rojas. Y si esta novela, la trama, pedía violencia y pedía sangre, tenía que ser así. Cuando el lector llega al final entenderá el porqué de toda esa violencia», promete.
A tenor de un crimen, reconoce, buscaba dibujar «cómo se vivía en una aldea pequeña en los años 70» y «lo que suponía ser mujer, ser soltera, y lo que suponía estar sola frente al mundo», bajo «el foco» de los que vivían a tu alrededor. «En este sentido sí que esta novela es una novela cruel, pero sobre todo cruel con las mujeres y es una crueldad, una violencia, que es estructura, que siempre ha estado ahí», dice la autora.
PESO PSICOLÓGICO
Pero además del crimen en sí, Arantza Portabales reconoce su predilección por «el cómo y el por qué» más que por el «quien». Lo que «pasa el día después», como lo define la autora, de un crimen, «cómo eso condiciona la vida, las relaciones humanas de todos los que están alrededor del crimen», algo «muchísimo más interesante».
En ‘Asesinato en el molino del cura’, Portabales nos presenta personajes «que no recuerdan nada y se mueren por recordar», junto con otros que «lo recuerdan todo y matarían por no recordar», para determinar que «la memoria no siempre es garantía de nada, pero si no la tenemos, la buscamos de forma incansable».
Además, señala, el «aspecto psicológico de los personajes es tan importante» porque ayuda al lector «no a justificar nada, porque nunca podemos justificar un crimen, pero si nos ayuda a entenderlo».
LA AUTORA, EN SU ENTORNO
Arantza Portabales tiene un vínculo con el entorno de Loira, o Loeiro, que va más allá de lo literario, y se nota. «Hoy me late el corazón», dice a Europa Press tras hacer un recorrido por los lugares de su novela, un aspecto que para ella es «muy emocionante». Ha arrancado del que es, en su libro, el ‘Molino del cura’, para terminar, una vez más, en la Casa Rosa.
Sucede, sobre todo, porque como escritora, necesita trabajar con lugares reales que conoce, como este. «No soy capaz de escribir de sitios que no conozco», apunta Portabales, que articula su trabajo sobre personajes que «para mi son muy de verdad». «Yo necesito esa verdad y creo que esa verdad hace que el libro sea más de verdad», resume.

