Las empresas que operan en los muelles de Ferrol y San Cibrao movieron entre enero y septiembre unos 7,65 millones de toneladas, lo que supone una bajada del 2,1% respecto al mismo periodo del año pasado.

Según la información que traslada la Autoridad Portuaria, este puerto afronta así el último trimestre con la actividad «en niveles algo inferiores» a los de 2020.

En un contexto marcado por la aceleración de la transición energética y las consecuencias de la pandemia sobre la economía, la Autoridad Portuaria se mantiene entre las cuatro primeras de la fachada noratlántica-cantábrica, junto a las de Bilbao, Gijón y A Coruña.

En concreto, según datos todavía provisionales, las empresas movieron de enero a septiembre 7.647.957 toneladas de materias primas, materiales y productos.

Mientras, el tráfico de mercancía general se disparó un 18% y el de graneles líquidos aumentó un 11,3%, y el de sólidos retrocedió 9,9 puntos porcentuales.

El ránking desagregado de mercancías transportadas en lo que va de ejercicio lo lideran la bauxita, con 3.320.873 toneladas computadas; y el gas natural licuado, con 1.375.654. Completan el top 10 la alúmina (956.999), el fueloil (599.835), la sosa cáustica (231.479), la chatarra (187.112), la madera (150.748), el acero (133.448), los aceites (86.188) y el coque (54.177).

En términos relativos, sobresalen la evolución del fueloil y del GNL, con avances, respectivamente, del 63,7% y del 38,5% en comparación con los tres primeros trimestres de 2020. El gas natural licuado está en niveles de récord histórico.

Destaca igualmente el comportamiento del mercado de los contenedores, con un progreso del 36,2 medido en TEUs (de 8.662,5 a 11.796,5) y del 28% calculado en toneladas (de 88.359 a 113.108).

En su reciente toma de posesión, el nuevo presidente de la Autoridad Portuaria, Francisco Barea, ya se había marcado el reto de recuperar tráficos. A la vista de los datos, se reafirma en su propósito.

«Me gustaría que en el medio plazo nos consolidásemos entre las principales autoridades portuarias de la fachada noratlántica-cantábrica y que volviésemos a ser una autoridad portuaria en el entorno del millón de toneladas mensuales, para ya en el largo plazo fijar objetivos todavía más ambiciosos», destaca.

Con todo, reconoce que «el contexto no es el mejor, con la incertidumbre que se cierne sobre las electrointensivas, con las consecuencias de haber acelerado la transición energética sin activar antes el plan B y con la recuperación económica todavía a medio arrancar».

Por eso, ,»parece que habrá que cambiar alguna dinámica», pero Barea se muestra «seguro» de contar «con las potencialidades suficientes para alcanzar nuevas metas».