La situación laboral a la que se enfrentan los jóvenes gallegos está «muy deteriorada» desde la crisis económica de 2008 –«de la que aún no se había recuperado cuando llegó el coronavirus»– y necesita una intervención «urgente», según los autores del último ‘Informe sobre a empregabilidade da mocidade en Galicia’ del Consello Económico de Galicia (CES).

El documento ha sido presentado este miércoles en la sede del Consello por el profesor de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) Alberto Meixide, encargado del equipo que ha elaborado el informe; y por la presidenta de la comisión responsable del trabajo en el Consello, la sindicalista Maica Bouza. Además, los autores del trabajo han estado acompañados por la directora xeral de Emprego de la Xunta de Galicia, Covadonga Toca.

Tal y como han indicado los encargados del informe, el horizonte temporal del trabajo abarca desde la crisis iniciada en 2008 hasta la crisis más reciente, asociada a la pandemia provocada por la covid-19.

«El objetivo del informe es ofrecer un diagnóstico riguroso de las causas y las circunstancias del problema al que se enfrentan los jóvenes gallegos y, así, que el CES pueda tomar las medidas oportunas», ha explicado el responsable de un «vasto» trabajo en el que se analiza la situación laboral por grupos de edad, formación, sexo e incluso territorios.

El documento recoge los datos recogidos por el SEPE y por la última EPA, en los que se observa una amplia diferencia en los datos debido a la metodología empleada. De tal forma, según el SEPE, el número de personas ocupadas de edad comprendida entre 16 y 29 años pasó de 241.599 en 2008 a 122.326 en 2019; pero, con base en cifras de la EPA, esa caída va de 41.634 a 32.422 personas.

«La tasa de paro es del 27%, más del doble de la general, y la tasa de empleabilidad se sitúa en el 56%», ha lamentado Maica Bouza.

LA XUNTA VE DATOS «RELATIVAMENTE POSITIVOS»

Covadonga Toca, por su parte, ha destacado que los datos son «relativamente positivos», «ya que la cifra de paro se sitúa tres puntos por debajo de la media estatal».

Con todo, los autores del informe destacan que las diferencias en la tasa de paro juvenil de menos de 25 años son muy acusadas en la Unión Europea, ya que «mientras que en Alemania y la República Checa no superan el 6%; en Grecia, Italia y España superan el 30%, y la tasa gallega está próxima a este porcentaje». PROBLEMA DE CARÁCTER ESTRUCTURAL

Todos los intervinientes en la presentación han coincidido en señalar que el paro juvenil es un problema «de carácter estructural», «altamente sensible a loas crisis cíclicas» y en el que intervienen diferentes factores, de los que han destacado: el nivel de formación de los jóvenes, la dependencia de los mercados, las modalidades de contratación y la duración del desempleo.

La mayor vulnerabilidad, tal y como ha señalado Meixide, la sufren aquellos con un menor nivel de estudios. El profesor de la USC ha subrayado además que, a este respecto, existe «una fuerte polarización». «Tenemos un porcentaje muy alto de jóvenes que han finalizado la educación más básica, luego caemos en la educación media, y volvemos a tener un peso relativamente importante en la educación superior», ha explicado el responsable del trabajo.

Esta polarización «trae problemas» –«desajustes crónicos entre oferta y demanda, y sobrecualificación de los jóvenes»–, una situación que se verá empeorada por el escenario que los autores esperan para los próximos años, marcada por la desaparición de ocupaciones tradicionales y la aparición de otros trabajos totalmente nuevos.

En cuanto a los jóvenes de 16 a 24 años con estudios superiores, aunque la tasa de empleo se incrementó entre 2014 y 2019, no superaba el 45% en 2019; mientras que el colectivo de entre 25 y 29 años era del 69,9%. «La brecha de casi 25 puntos, evidencia las dificultades del colectivo más joven, ya titulado, de lograr una ocupación», señala el documento.

Otro de los factores señalados es la dependencia de los mercados económicos. Tal y como se detalla en el informe, con el ‘boom’ de la construcción, muchos jóvenes optaron por abandonar su formación académica «precipitadamente» y, tras la crisis de 2008, sus cualificaciones «no se adaptaban a los nuevos sectores y mercados que demandaban trabajo».

En cuanto al desempleo de larga duración, el trabajo señala que los jóvenes representan «un alto porcentaje» de estos registros, al igual que en lo que respecta a las contrataciones temporales. Además, muchos de los encuestados admiten estar sometidos a una ‘temporalidad obligada’ –subempleo–, pues «querrían estar contratados a tiempo completo pero no se les ha ofrecido esa opción», ha resaltado el profesor de la USC.

La tasa de temporalidad de los asalariados y asalariadas de entre 16 y 24 se situó en 2019 en el 75% –8,8 puntos más alta que en 2008– y en las personas de entre 26 y 29 años en el 53,2% –6,2 puntos más elevada–, tal y como indica el estudio.

REFORMA LABORAL Y DESAFÍOS

Preguntado por la repercusión de la reforma laboral promovida por el Gobierno popular de Mariano Rajoy en 2012, Meixide ha concedido que la reforma «introdujo más elementos de precariedad» para los jóvenes, pero ha insistido en que los problemas son de carácter estructural.

En cuanto a los desafíos y las formas de proceder para «atajar» la situación, Maica Bouza ha afirmado que no vislumbran «ningún brote verde». «No se están haciendo bien las cosas, los datos así lo demuestran», ha lamentado Bouza, que ha incidido en la necesidad de una aproximación integral a la problemática, «no solo desde la Consellería de Traballo, sino también desde la de Educación».

En estos términos se ha expresado también Covadonga Toca, que ha hecho hincapié en la necesidad de «ajustar» la oferta formativa a la demanda productiva. «Tenemos que impulsar la contratación acompañada de formación y en la que se fomenten además las ‘competencias blandas», ha remarcado la directora xeral.

Toca ha destacado además la relevancia de «luchar contra el desánimo» de aquellos jóvenes que se han dado por vencidos con el mercado laboral, de «retener el talento» con políticas que permitan crear condiciones favorables y que creen empleos «con valor añadido», así como apostar por un emprendimiento «innovador y tecnológico, y en sectores viables».

Meixide ha destacado el importante papel de las políticas públicas de empleo, «con mucha tradición en España y Europa» y, aunque «efectivas», el autor del informe ha puntualizado que es necesaria una «buena regulación». «El Gobierno central aprobó ayer el Plan Garantía Juvenil Plus para impulsar el empleo juvenil, una buena oportunidad de corregir los principales desequilibrios», ha señalado Alberto Meixide.

DESIGUALDAD

La responsable de Emprego ha hecho referencia además a la especial situación de vulnerabilidad de las mujeres jóvenes, una problemática que también recoge el informe. «Debemos seguir caminando hacia la igualdad en el mercado laboral e impulsar además el emprendimiento femenino que, aunque más lento, es más sólido», ha indicado Covadonga Toca.

El documento señala que las mujeres, «que superan claramente a los hombres en el número de personas graduadas universitarias, tienen un mayor peso relativo en términos de desempleo».

Además, según se recoge en el informe, las mujeres cuentan con ocupaciones más vulnerables que las de los hombres en la crisis actual provocada por la covid-19. «Del tercer trimestre de 2019 al mismo de 2020, el empleo masculino juvenil disminuía en 1.200 personas y el de las mujeres lo hacía en 4.500», detalla el trabajo.