La lectura de conclusiones en el juicio contra el profesor de música del colegio de Albeiros de Lugo ha puesto fin a tres días de juicio en la Audiencia Provincial, marcada esta última sesión por la confrontación entre la Fiscalía y la defensa en torno a la credibilidad de las declaraciones de las menores y la interpretación de las mismas.
El docente, de 49 años, está acusado de realizar tocamientos a una de las menores en el pecho y en la zona genital, en algunas ocasiones incluso por debajo de la ropa, durante el transcurso de las clases y en presencia de los demás niños. Las implicadas son de las dos clases de cuarto curso. La fiscal solicita una pena de 5 años y medio de prisión por el caso de la única niña a la que se admitió su declaración como válida, mientras que las acusaciones particulares la elevan a 6 años por cada una y 6.000 euros de indemnización por daños morales.
Aunque desde un principio se habló de cinco niñas de entre 9 y 10 años como las autoras de las denuncias, al final, la Fiscalía solo dio valor a la de una de ellas, aunque las otras cuatro se personaron también como acusación particular.
La representante del Ministerio Fiscal ha centrado su argumentación en la validez de los testimonios de las niñas, a los que ha otorgado «plena credibilidad», especialmente en el caso de la única menor cuya declaración fue considerada «consistente y detallada».
La fiscal ha rechazado que determinados comportamientos del docente, como sentar a las alumnas en su regazo, pudiesen tener una finalidad pedagógica, calificándolos como «inadecuados». «Es el único docente de España que lleva a cabo esta acción como medida de corrección», ha puntualizado.
Además, ha subrayado que no existen razones espurias que justifiquen las denuncias y ha destacado que varias menores ya habían mostrado rechazo a acudir a las clases antes de que se hicieran públicas las acusaciones.
COINCIDENCIA EN LAS DISTINTAS VERSIONES
En su intervención, también ha negado que se hubiesen producido dilaciones indebidas en el proceso y ha incidido en que los relatos de las menores presentan elementos comunes, tanto en las descripciones de los hechos como en su actitud durante las declaraciones. En este sentido, ha puesto en valor la «espontaneidad y la naturalidad» de los testimonios, así como la «coincidencia entre distintas versiones», lo que, a su juicio, refuerza su veracidad.
Por su parte, una de las acusaciones particulares, ejercida por la letrada Paula Salvador, que representa a tres menores, hizo hincapié en la coherencia del relato de la única menor a la que se ha dado valor a lo largo del tiempo y en la existencia de testimonios coincidentes por parte de otros niños y niñas. «No se ha desdicho en ningún momento», ha afirmado en su elocución final, calificando el hecho de que el profesor las sentase en su regazo como «una excusa».
Las otras dos abogadas, que representan cada una a una niña, han cuestionado algunos aspectos de los informes del Imelga y han señalado «errores» en su elaboración, defendiendo que corresponde al tribunal valorar la credibilidad de las declaraciones más allá de las conclusiones periciales. También han negado que existiese una supuesta «contaminación» entre ellas, ya que consideran normal que hablasen de lo sucedido, pero han insistido en que «no puede haber una contaminación de todos los niños; unos avalan las declaraciones de otros».
Asimismo han insistido en que «un informe sicológico no es concluyente, tiene que ser la sala la que valore la credibilidad de las niñas». Se han defendido del informe forense que niega la existencia de secuelas diciendo que «en la mayor parte de las agresiones sexuales a los menores, estos no son conscientes muchas veces del daño hasta que pasa el tiempo».
«NO EXISTE UN PATRÓN Y HAY DUDAS»
En contraste, la defensa ha basado su estrategia en la presunción de inocencia del acusado, insistiendo en que las hipótesis deben interpretarse siempre a favor del reo. Sus argumentos se han apoyado, en buena medida, en los informes psicológicos del Imelga, en los que se apuntan «posibles influencias entre menores» y la ausencia de «indicios claros de daño psicológico significativo». Según la defensa, este hecho debilita la consistencia de las acusaciones.
Además, ha sostenido que no existe un «patrón» definido en las conductas denunciadas y que incluso los peritos reconocen la existencia de «dudas», recalcando la presencia de «componentes de lealtad», tal y como recogen los informes de las sicólogas. También ha justificado algunas de las acciones del docente en el contexto habitual de un aula de música, donde, según indicó, los niños «van a jugar».
«Ninguna de las menores presenta una huella sicológica importante, lo que podría ser un elemento objetivo para apuntalar la versión de las menores», ha defendido el abogado, quien también ha recordado la disposición del acusado a declarar desde el primer momento, «aun no siendo consciente de la denuncia».
Finalmente, ha vuelto a reclamar que se tengan en cuenta las dilaciones indebidas en el procedimiento.
Con las conclusiones ya expuestas, el juicio queda pendiente de la deliberación del tribunal, que deberá valorar el conjunto de las pruebas y testimonios para emitir sentencia. El acusado se remitió a lo dicho en su declaración del lunes, sin hacer más comentarios. En ella había atribuido la denuncia a una «fabulación colectiva».

