Normalmente cuando se habla de violencia de género es habitual asociar esto a un problema propio de las ciudades y de los entornos más urbanos. Pero en el rural también se obseva como estas agresiones afectan de manera muy considerable a las mujeres que viven en ese entorno. Lara Fuentes, técnica de igualdad de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) alerta de que el hecho de vivir en un lugar donde se tienen más interiorizados los estereotipos de género, hace más susceptiples para sufrirla y también para normalizarla.

La violencia de género es una de las grandes lacras que afecta a la sociedad en la actualidad. Durante este año de pandemia se produció un aumento de los casos de violencia de género debido al mayor contacto con la pareja, al pasar más momentos de convivencia, y también al no tener la posibilidad de hacer actividades de ocio que ayudaran a compartir el malestar y facilitaran la detección del problema. Además, segundo los datos facilitados por la secretaria general de igualdad, Susana López Abella, en 2020 descendieron en 370 el número de denuncias.

En el rural es uno de los entornos donde las mujeres están más expuestas a sufrir violencia de género. En España más del 36% de las mujeres asesinadas vivían en ambientes rurales. Fuentes explica que la mayoría de mujeres que sufren violencia tienen arraigadas creencias machistas. Además, la falta de anonimato que se vive en el rural hace que tarden más tiempo en dar el paso a denunciar o poner fin a la relación.  

Por otra banda, el 33% de las mujeres del rural cree que la violencia de género es un problema privado, no ven ese factor social. «Convivir en un espacio que es sexista y a la vez ver la violencia de género como algo individual y no social hace que sean más susceptibles a vivirla y non detectarla ni denunciarla», destaca la técnica de Fademur.

LAS MUJERES MAYORES DE 65 AÑOS TAMBIÉN LA SUFREN

Muchas veces asociamos el perfil de víctima a una determinada edad pero la violencia afecta a mujeres de todas las épocas. Aún que las que acuden a los recursos de atención están entre los 25 y los 50 años, esto no quiere decir que las mayores no lo sufran.

En esta franja de edad es más habitual que las señoras tengan una mayor dependencia de sus agresores, tanto económicamente como de movilidad, al no contar muchas de ellas con el carné de conducir. Además, al asociar a la víctima con otro perfil hace que se invisibilice este grupo y que elkas mismas no se sientan identificadas. Así mismo, en esta franja es habitual que tengan el machismo interiorizado. «Para muchas mujeres mayores romper con esas relaciones, que muchas veces son de décadas, también supone romper con ese rol de esposa esperado para ellas», expone Fuentes 

En esta edad los episodios de violencia se pueden percibir como algo normal y el hecho de tener que romper con la pareja como un fracaso personal. «Una mujer con esa edad también tiene más miedo y tiene menos confianza en si misma para romper con todo y comenzar una vida nueva», destaca Fuentes.

Ante esta situación López Abella recalca que «en la Xunta estamos haciendo un esfuerzo importante para llegar a las mujeres de este rango de edad que son víctimas de violencia de género, ya que muchas veces no denuncian los casos». 

NECESIDAD DE RECURSOS Y INICIATIVAS

Uno de los grandes problemas del rural es la falta de recursos y el desconocimiento. De hecho, la técnica de igualdad de Fademur cuenta que muchas mujeres del mundo rural denuncian que no conocen los recursos de los que se disponen o que si los conocen tienen dificultades para acceder a ellos. «Muchas de ellas no tienen coche propio y tampoco hay una línea que las pueda dejar en las villas en las que hay centros de información a la mujer», explica.

Con todo, López Abella comenta que se está trabajando para implementar más recursos en las zonas rurales y que desde hace años están llevando a cabo campañas focalizadas en el ámbito rural. De todas formas, destaca la necesidad de que en el reparto que lo Estado hace de los fondos destinados para las Comunidades Autónomas en relación a la violencia de género se deberían tener más en cuenta los núcleos singulares de población. 

IMPORTANCIA DE LA DETECCIÓN

La violencia de género va apareciendo de forma sutil. Las mujeres que la sufren pierden poco a poco la confianza en si mismas y dejan de mantener el contacto con sus familiares y amigos. «Si vemos que alguna mujer deja de hacer actividades que antes hacía y de relacionarse debemos encender alguna alarma», explica Fuentes.

López Abella destaca el labor de la atención primaria para detectar que una mujer está siendo víctima de violencia de género. También enfatiza la importancia del trato psicológico que se les da en las sedes judiciales ya que «el momento más duro de una mujer víctima de violencia de género, después del maltrato, es cuando da el paso de denunciar y enfrentarse después a un proceso judicial», comenta.

La vuelta a la normalidad de una mujer que sufrió maltrato no es fácil. Por eso desde la Xunta están llevando a cabo iniciativas que ayuden a su recuperación como por ejemplo el fomento para su contratación o ayudas para la mobilidad o para apoyar la independencia económica.