Hay muchas formas de interpretar los almanaques y una de ellas se rige en función de las ferias: cuando no es domingo de Castroverde, toca Meira (y al revés); a principios de mes, y el día 18, hay que ir a Baralla; el 7, comer el pulpo a Sobrado; el 13, encaminarse a Adai. Y, mientras tanto, todos los miércoles… son de Castro.

— ¡Jefe! ¿Cuántos manojos quiere llevar hoy? ¡Son buenos estos grelos!

— ¡Nada, nada! Hoy no compro, que están caros.

Conversaciones como ésta se van reproduciendo en el centro de Castro Ribeiras de Lea (Castro de Rei) a mediados de semana. Además del famoso pulpo que tanto atrae a la gente, la zona se llena de puestos de pan, hortalizas, ropa, calzado, herramientas… Es ya una cita ineludible para los chairegos, que pierden la cuenta de los años que llevan yendo allí.

“Hará unos veinticinco años desde que empecé a vender aquí. Veinticinco, ventiocho… Por ahí andará”, cuenta Juan Carlos, quesero de Rábade. “Después de tanto tiempo ya nos vamos conociendo todos. Hay clientes que a lo meor no vienen todas las semanas, pero no tardan más de quince días”. “Yo vengo por esa gente que sé que compra fijo”, añadía un rato más tarde Eladio, panadero de Friol. “Puede ser que fallemos un miércoles, pero tenemos por costumbre venir siempre”.

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