Una desaparición, un secreto, el drama del narcotráfico. La escritora gallega Ledicia Costas regresa con una nueva obra dirigida para público adulto en la que se sirve del punto de vista de tres generaciones de una misma familia para abordar esta historia, en la que se entrelazan temas muy duros y de plena actualidad como los cuidados o incluso el acoso escolar.

«Soy una escritora con un pie en la realidad», asegura Costas en una entrevista con Europa Press en la que la autora, más conocida por ser un referente nacional en la literatura infantil y juvenil, reconoce que le cogió «el gusto» a la novela para adultos tras el éxito de ‘Infamia’, publicada en 2019.

En todo caso, Costas buscó distanciarse del tono «oscuro» de su anterior obra y optó por una lectura «más amable y agradable», a pesar de la dureza del contexto y de los diferentes temas que se abordan en ‘Golpes de Luz’, publicada en Edicions Xeráis y en Destino.

La historia nos descubre a tres generaciones que viven en el rural gallego: una abuela, una madre y un niño. La trama está marcada por la investigación de una desaparición, los golpes del narcotráfico de la Galicia de los años 90 y los secretos familiares.

La escritora se sirvió de un estilo a tres voces para lograr esa lectura diferente. Sebas, el menor de los protagonistas, adquiere un papel destacado en la narración para plasmar lo que ocurre desde el punto de vista de un niño de diez años.

«Soy una autora implicada socialmente y eso hago siempre en estas obras. Y a pesar de eso hay hueco para momentos de humor», ha explicado.

Así, la voz infantil muestra un estilo «de relato de aventuras», similar a las historias de clásicos cinematográficos como ‘Los Goonies’ o ‘ET’ y que le da «ese elemento mágico que dulcifica la novela».

De hecho, Sebas y sus amigos están convencidos de que la abuela Luz es el dios Thor, después de verla de noche en el jardín sosteniendo su martillo en medio de una tormenta eléctrica y debajo de un montón de relámpagos.

«El punto de partida es la abuela obsesionada con su martillo. Su nieto y sus amigos están convencidos de que es el dios Thor, toda la trama gira alrededor de ese martillo y esos niños buscan pruebas», señala.

LOS CUIDADOS

Estas características del personaje de Luz dan pie a uno de los grandes temas de la novela: la dependencia y los cuidados, retratados a través del personaje de Julia (su hija).

Ella es periodista y está trabajando en un reportaje sobre el repunte del tráfico de heroína. Asimismo, está muy afectada por la sombra de la desaparición de su padre, que se marchó a Argentina sin dejar rastro hace más de treinta años.

El personaje de Julia se ve desbordado por su reciente separación, tener que hacerse cargo de su madre y criar sola a su hijo, además de los secretos que rodean a su familia como las supuestas amistades con narcotraficantes.

Costas destacó la importancia de darle visibilidad a protagonistas femeninos y a cuestiones tan destacadas como las cargas familiares que asumen las mujeres. «El gran reto es la fidelidad respecto a las generaciones que representan», ha señalado Costas.

En este sentido, reconoce el «sobreesfuerzo» de plasmar la forma de comunicarse de estos tres personajes a través del lenguaje y del estilo narrativo, para lo que se sirvió de la observación de las mujeres de su alrededor.

«La abuela es una señora completamente desinhibida y habla acorde a su formación académica, prácticamente nula: comete incorrecciones, improperios, es malhablada y está completamente asalvajada. Julia tiene un lenguaje diferente: es periodista, se expresa de otra manera…», ha explicado.

LA TRAMA DEL NARCOTRÁFICO

Otro de los temas de la obra gira entorno a las relaciones y consecuencias del narcotráfico en la Galicia de los años 80 y 90, para lo que Costas se sirvió de su propia mirada «infantil o adolescente» respecto a lo que sucedió en la comunidad en aquela época.

«Perdí a una persona próxima, de sobredosis. En mi barrio pasaban droga y claro, cuando pasan estas cosas te marcan. Había un tabú alrededor del tema e incluso en la escuela nos daban pautas», señala.

Esta experiencia viene plasmada en parte en esta novela que, más allá de centrarse en este mundo, retrata las consecuencias y efectos de esta lacra delictiva en la vida de los protagonistas y en la historia de la propia familia.

Luz sabe más de lo que parece y esconde varios secretos, como el hecho de que su marido desaparecido tuviese amigos narcotraficantes.

Costas destacó, en este sentido, el contraste entre ella y el personaje de Julia para crear el suspense y misterio sobre el caso, dado que nunca queda claro si la abuela padece de demencia o si todo su comportamiento es una estrategia para seguir ocultando lo que sucedió con su marido.

En todo caso, la autora se mostró muy satisfecha con el resultado y la recepción de esta obra coral y poliédrica, una novela que a veces «no saben definir» ni «etiquetar», lo que indica a su vez la singularidad de la propuesta.