La intervención en busca de víctimas del franquismo en la fosa común de Beira, en Carral (A Coruña), ha hallado un total de cuatro cuerpos.
Esta actuación, impulsada por la Diputación de A Coruña en el marco de un convenio con el grupo Histagra de la Universidade de Santiago, ha presentado este miércoles los resultados de la primera cata arqueológica en la que se han localizado los primeros restos humanos en estas fosas de la violencia franquista.
La exhumación del primer individuo ya ha sido realizada y presenta signos de violencia, a la espera del análisis forense y genético que permitirá avanzar en la identificación de víctimas. Las investigaciones históricas indican que en el entorno de la iglesia de Beira fueron enterradas, como mínimo, 18 personas asesinadas.
Los hallazgos realizados son coherentes con la información recopilada en el estudio histórico previo, realizado por el historiador Xurxo Antelo, lo que refuerza la hipótesis sobre la localización de la fosa. En esta fase de la investigación se está contando con la colaboración de varios familiares de las víctimas, cuya participación será fundamental para hacer posible la identificación mediante la comparación de las muestras de ADN.
«RESTITUIR LA VERDAD Y DIGNIDAD»
La diputada de Dereitos Civís, Sol Agra; el alcalde de Carral, José Luís Fernández Mouriño; el arqueólogo forense Edgard Camarós (USC-Cispac); el historiador Xurxo Antelo (USC-Cispac); miembros de familias de las víctimas y la asociación Cultura Aberta de Carral han expuesto este miércoles los detalles de la campaña arqueológica. Los trabajos están coordinados por el grupo Histagra que dirigen Lourenzo Fernández Prieto y Antonio Míguez Macho.
Así, Sol Agra subraya que «la localización de estos primeros cuerpos representa un paso muy importante en un proceso que busca restituir la verdad y la dignidad de las personas que fueron asesinadas por el golpe de Estado fascista de 1936 y la posterior represión franquista y de sus familias».
«No es posible hacer justicia con las víctimas porque nunca se pudo juzgar a los asesinos, pero encontrar los restos de los asesinados y devolvérselos a sus familias para que puedan enterrarlos dignamente es un acto de reparación. Es una anomalía democrática que vivamos rodeados de fosas llenas de desaparecidos, que nunca se buscaron, cuando ya van allá más de 50 años de la muerte del dictador Franco», advierte.

