Calderas estropeadas, subidas de precios que superan los 75 euros mensuales, muebles rotos o propietarios que se niegan a realizar arreglos, son solo algunos de los problemas a los que los estudiantes universitarios se deben enfrentar cada curso para poder realizar sus estudios en la capital gallega. Una situación que se ha vuelto cíclica, con mudanzas reiteradas y alquileres que ascienden año a año y que está obligando a este colectivo a marcharse a municipios limítrofes para poder acceder a una vivienda en condiciones dignas.

La organización estudiantil Anega ha arrancado la campaña ‘Vivienda digna e accesible xa’, una iniciativa con la que pretenden hacer correr la voz en la sociedad y visibilizar esta problemática que amenaza con agravarse todavía más a las puertas del Año Santo y la celebración del Xacobeo 2021.

En un contexto en el que las posibilidades de encontrar alojamiento se reducen progresivamente al tiempo que se incrementa el parque de pisos turísticos, una de las portavoces de Anega, Ana Fidalgo, ha denunciado que la media de los alquileres se ha incrementado en 75 euros entre julio del pasado año y enero de 2020. Asimismo, en el caso del barrio del Ensanche, este indicador ha pasado de 539 a 622 euros, alcanzando unas cifras «rocambolescas» para las condiciones de los pisos que se ofrecen.

Estos emplazamientos presentan mobiliarios rotos, problemas con plagas, fugas de gas, calderas que no funcionan, y, en general, presentan condiciones «totalmente insalubres», ha incidido Fidalgo a este respecto.

«ABUSOS» DE LOS CASEROS

Los jóvenes denuncian, además, los «abusos» ejercidos por los caseros, que se aprovechan de ellos hasta el punto de negarse a hacer reparaciones y a devolver las fianzas, a pesar de que muchos de estos inmuebles están sin reformar y cuentan con instalaciones que datan de la década de los 70.

«Saben que los van a alquilar igual», lamenta la joven, con resignación, puesto que los alumnos ya se conforman con encontrar un precio que se puedan permitir a pesar de tener que soportar las malas condiciones de la vivienda.

Este es el caso de Jacobo, otro de los jóvenes presentes, que se ha visto obligado a conformarse con un piso a un precio «asequible» pero que presenta «condiciones nefastas». «Es muy viejo, muy húmedo, super frío, la caldera funciona mal, está sucio… pero llega un momento que compensa por ser asequible», ha reconocido.

Muchos de estos jóvenes viven juntos en un mismo inmueble, a pesar de que no esté diseñado para ese número de personas, llegando a estar cinco personas para pisos diseñados para tres y con un único cuarto de baño.

PISOS «INDIGNOS»

Otra joven, Cris ha explicado que adquirir mobiliario o mejores para intentar tener calidad de vida no es factible, porque «probablemente» al año siguiente no estarán allí y tendrán que realizar una nueva mudanza, con unas posibilidades de transporte muy limitadas.

Además, las propias inmobiliarias cuentan con un listado de pisos que dedicados a los estudiantes y niegan el acceso a otros en condiciones dignas, ha denunciado. «El mensaje que recibimos es que hay ciertos a de los que no somos dignos», ha lamentado, algo que se une al problema derivado de que «muchos» de estos inmuebles pasan a ser de uso turístico y a verse «forzados a marchar» a otros municipios limítrofes.

Tampoco cuentan con alternativas en el ámbito de las residencias, puesto que las de titularidad pública cuentan con abundante lista de espera y las privadas «se van todavía más de presupuesto».

PARQUE PARA ESTUDIANTES

Ante este panorama, Anega ha impulsado una campaña tanto para «visibilizar» este problema como para trasladar una serie de «reivindicaciones claras». Parque de vivienda para alquiler del estudiantado o una ley que fije máximos de precio desglosados en función de la calidad, son algunas de las propuestas que trasladan en esta iniciativa para intentar evitar que ciertos sectores económicos e inmobiliarios «que estén especulando» con las vidas de la gente

«Es una problemática que afecta a la precarización de la vida en general, y sobre todo a los jóvenes que no tenemos recursos para emanciparnos y acceder a pisos que no sean compartidos», ha concluido Fidalgo.