El grupo operativo Agri-Resval ha presentado este jueves los resultados de tres años de trabajo en un proyecto centrado en la conservación de productos pesqueros a partir de descartes agrícolas.
El consorcio, liderado por la empresa Néboda Farms y formado por el grupo AgroBiotech for Health de la UVigo, la Fundación Empresa Universidade Galega y el grupo Nueva Pescanova, se ha centrado en la revalorización de residuos de agricultura vertical, en concreto, la albahaca, para la obtención antioxidantes naturales de alto valor, capaces de inhibir la oxidación de pescados y mariscos congelados, como el langostino.
Esto permitiría emplear los antioxidantes naturales en la industria para prolongar la vida útil del langostino cocido congelado y minimizar el desperdicio alimentario.
En su investigación, el grupo AgroBioTech for Health ha usado albahaca cultivada por Néboda Farms en hidroponía vertical. El equipo científico trabajó con descartes de partes como hojas y tallos que no alcanzaban los estándares comerciales, y también con residuos de raíz que no se comercializan.
De este modo, obtuvieron antioxidantes naturales, y han destacado que el ácido rosmarínico es uno de los compuestos con mayor interés industrial, al combinar una elevada eficacia antioxidante con una buena aceptación sensorial. Además, es un alternativa natural con potencial para alargar la vida útil del langostino sin comprometer la estabilidad y calidad de los alimentos.
Este grupo de investigación ya había colaborado antes con Néboda Farms y, en este proyecto, se han centrado en tres ejes: el cultivo de la albahaca para estudiar «como los nutrientes y el espectro lumínico afectan al contenido en antioxidantes; en el diseño de un protocolo de extracción sostenible y transferible al sector, y en la caracterización de los extractos vegetales; y en la validación de las formulaciones en el laboratorio, estudiando la evolución de los productos primarios y secundarios de la oxidación lipídica durante la congelación.
Los científicos pudieron comprobar, en la conservación del langostino en el laboratorio, que el extracto permitió reducir en un 70% la generación de productos de oxidación causantes de la pérdida de calidad y, en concreto, el tratamiento con ácido rosmarínico fueel que obtuvo unos resultados más prometedores.

