El aumento generalizado de las temperaturas está elevando el impacto de la meteorología sobre la salud humana, lo que se conoce como estrés térmico. «También es un estrés para las infraestructuras de las ciudades», advierte Joaquín Triñanes, profesor y doctor del área de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidade de Santiago de Compostela (USC).
«Tiene que cambiar el planteamiento urbanístico», asegura. Él es el responsable del Laboratorio de Sistemas (LABSIS) de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), que está desarrollando un modelo predictivo que, utilizando datos satelitales, «permite alterar la temperatura de la ciudad» a través de la modificación de elementos.
Este trabajo lo han realizado dentro del proyecto europeo ‘Probono’, que se centra en actuaciones urbanísticas con un impacto sobre la salud de la población y en planteamientos que caminen hacia una disminución del efecto de la isla de calor. Este es el fenómeno por el que las ciudades registran mayores temperaturas respecto a sus entornos. Uno de los espacios modelo que utiliza el proyecto es Madrid Nuevo Norte.
«¿Qué pasaría si, en lugar de un aparcamiento de cemento, metemos una superficie arbolada? Por ejemplo, en Madrid Nuevo Norte, encontramos bajadas de temperatura en torno a 4 o 5 grados», da cuenta Triñanes. De este modo, el sistema desarrollado permite evaluar el impacto que diferentes intervenciones pueden tener a la hora de reducir el estrés térmico y, de esta forma, predecir cómo «adaptar» las urbes al contexto actual de cambio climático.
Los satélites empleados por este equipo permitirían evaluar, por ejemplo, las temperaturas de Vigo, A Coruña, Santiago y de cualquier otro municipio de Galicia. En este sentido, las proyecciones hacia el futuro muestran, en diferentes escenarios, que dentro de unas décadas se pueden dar situaciones que «podrían ser bastante graves».
De igual modo, el sistema incluye proyecciones climáticas, que permitirían ver, entre otros, el número estimado de días con ola de calor «durante los próximos 50 o 60 años». Todo ello se enmarca en un contexto en el que las temperaturas «están por encima de lo normal», que, sumadas al aire africano y a la ausencia de vientos y nubes, se convierten en «la tormenta perfecta», en palabras de Triñanes.
ISLAS DE CALOR URBANAS
El efecto isla de calor es otra de las circunstancias que estudia LABSIS. Por sus características, las urbes retienen «mucho calor» y, en periodos de altas temperaturas, ese calor hace que los valores térmicos sean muy superiores al de las áreas circundantes, que no tienen edificios o asfalto, elementos que retienen el calor en una mayor proporción.
Para ello, el sistema se encarga de monitorizar estas islas de calor a través de una serie de indicadores, que, entre otros, indican qué áreas de la ciudad generan estrés térmico en la población y el porcentaje de la misma afectada por este efecto.
«La duración de este fenómeno es importantísima porque nos va desgastando poco a poco», incide Triñanes. Si las temperaturas descienden durante las horas nocturnas, esto ayuda a «minimizar» el estrés térmico. «En este caso, el efecto isla de calor imposibilita que esto suceda», añade.
Además, en el marco de ‘Probono’, LABSIS realiza simulaciones para observar la dispersión de las partículas que pueden producir problemas de salud a la población, dentro de su labor de implementación del gemelo digital. Esto sirve para que los trabajos de demolición se puedan realizar «en aquellos periodos donde el impacto sobre la población es mínimo».
LOS EFECTOS DEL CALOR SOBRE LA SALUD
Todo lo anterior tiene efectos –directos o indirectos– en la salud, que, en el último extremo, pueden conllevar consecuencias mortales. Hay sistemas que se dedican a monitorizar estos efectos, como es el caso del sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo) desarrollado por el Instituto de Salud Carlos III, dependiente del Ministerio de Sanidad.
Otro ejemplo es el ‘Lancet Countdown’, un proyecto internacional que busca «monitorizar y cuantificar» los efectos del cambio climático sobre la salud y en el que Triñanes participa. De esta forma, busca conocer cuántas personas están expuestas a este problema y cómo afecta ello a la mortalidad, entre otros.
Sin embargo, el estrés térmico también se traduce en «desgaste mental» o en un «problema de productividad laboral», ejemplifica el investigador, que analiza: «Lo que nos estamos encontrando es que, en general, todos esos impactos están creciendo».
Por ejemplo, el último informe del ‘Lancet Countdown’ (en su versión Europa) recoge que, en el caso de España, Galicia es la región con una mayor pérdida de superficie cubierta por árboles, con aproximadamente 275.600 hectáreas perdidas entre 2016 y 2023. Precisamente, otros de los efectos que cita Triñanes son el aumento de la presencia de sequías y de enfermedades vectoriales –como mosquitos o garrapatas–, que «se están expandiendo» en todo el continente.

