Un grupo de voluntarios ha acudido este fin de semana a la antigua mina de Valborraz, en Casaio (Carballeda de Valdeorras, Ourense), para revertir el deterioro causado por el tiempo y la falta de atención sobre ella y que, durante el verano pasado, agravó el efecto de los incendios. Esta era la única explotación de volframio gestionada directamente por la Alemania nazi y, además, funcionó como destacamento penitenciario para cientos de presos republicanos de la Guerra Civil.
«Queremos conservarlo como un lugar de memoria», explica Pedro Domínguez, responsable del albergue Ecos do Teixo y comunero en la Comunidad de Montes de Casaio y Lardeira. Ambas entidades colaboran con la asociación científica Sputnik Labrego en una iniciativa que pretende consolidar estructuras, recuperar material antiguo y, sobre todo, «llamar la atención» sobre población y administraciones para que este espacio pueda mantenerse en el largo plazo.
Una primera jornada celebrada este sábado y domingo ha reunido a alrededor de una veintena de personas procedentes de distintas partes de Galicia. Desde el albergue se desplazaron en vehículos 4×4 hasta la zona de Valborraz, donde decidieron actuar en dos ámbitos: una dependencia al lado de la caseta del jefe de la mina y otra que actuaba como enfermería. «Son espacios importantes porque ahí incluso nacieron niños», apunta Domínguez a Europa Press.
Por ejemplo, el suelo de esta segunda habitación estaba «completamente tapado» y los trabajos permitieron limpiarlo y descubrir una planta decorada con azulejos. También han ido apareciendo materiales antiguos, como botes y colonias, restos que contribuyen a «contar la historia dese lugar». La presencia de arqueólogos permitió tener un mayor cuidado durante las tareas, con la utilización de instrumentos adecuados, como cepillo y paleta.
«El abandono de este lugar ha sido a pasos agigantados porque los guardias lo estuvieron vigilando durante años, pero la empresa vendió todo el contenido», explica este vecino de Casaio. De esta forma, la falta de mantenimiento hizo que los edificios se fuesen cayendo hasta que, en 2011, el colapso de una escombrera agravó la situación.
Los incendios del verano de 2025 terminaron por destruir gran parte de las techumbres de los edificios que se conservaban y dejar la infraestructura «en un estado muy ruinoso». La campaña impulsada en noviembre, llamada ‘Recuperemos Valborraz, consiguió recaudar fondos destinados a realizar jornadas como esta.
Sus impulsores barajan que, en un futuro, pueda convertirse en un centro de visitantes o en un museo, aunque todavía es pronto para augurarlo. «Eso está por ver», aclara Pedro Domínguez. Por lo pronto, de cara a mayo o junio, pretenden realizar otra campaña similar. Para participar como voluntario, basta con ponerse en contacto con las entidades responsables.

