El futuro de la lucha contra el cáncer pasa por Galicia, concretamente por el centro de fabricación de terapias avanzadas, ubicado en el Campus Sur de Santiago y dirigido por Lorena Boquete, que recibe a Europa Press para mostrar cómo un pequeño grupo de investigadores avanza en el desarrollo de terapias punteras como las CAR-T, clave en la medicina de precisión.
Justo debajo de la facultad de óptica y optometría, en Monte da Condesa, un grupo de ocho personas entre personal de mantenimiento, técnicos de laboratorio y titulados superiores, trabaja bajo la batuta de Lorena en la investigación y producción de terapias avanzadas «académicas», aquellas que nacen de investigación clínica y con financiación principalmente pública, de producción no industrial.
Las terapias académicas son las que se desarrollan en hospitales públicos, universidades o centros de investigación como este, frente a las industriales, producidas por farmacéuticas o biotecnológicas a gran escala.
El grupo va creciendo poco a poco, explica la investigadora, a medida que aumentan también las iniciativas en las que participan. Ahora mismo, apunta, son varias las líneas en las que trabajan, enfocados principalmente en las células CAR-T. Esta terapia utiliza los propios linfocitos T (células del sistema inmunitario) del paciente, que se modifican con un receptor artificial para que reconozcan el cáncer y ataquen directamente las células tumorales.
«Están dirigidas, sobre todo, a cánceres hematológicos, especialmente linfomas. Ahí están funcionando muy bien», explica Boquete. En estas enfermedades, los pacientes ya han pasado por muchas líneas de tratamiento y «hay una proporción muy alta que entra en remisión».
«Ahora se está explorando muchísimo también en mieloma, donde también por desgracia, tras los tratamientos estándar, hay mucho potencial de recaída. Estamos esperando los datos, pero parece que va genial para ellos», explica.
CASI 200 PACIENTES EN GALICIA CON CAR-T
En Galicia, desde 2019 y hasta mediados de junio de 2025, había en torno a 175 o 180 pacientes que habían recibido terapias CAR-T.
Lo más habitual es que, una vez el paciente ha recibido los tratamientos estándar (quimioterapia, inmunoterapia), el equipo médico proponga las células CAR-T. Es entonces cuando un comité (del que, en Galicia, forma parte Lorena Boquete), evalúa el caso y comprueba si cumple los criterios. La última palabra la tiene el Ministerio de Sanidad.
Una vez autorizada, en Galicia la terapia ya se puede administrar en varios hospitales. En el CHUAC, desde 2022, y más recientemente en el CHUVI y en el Clínico de Santiago.
El centro de fabricación trabaja en la validación para producción de células CAR-T ARI-0003, que vienen del Hospital Clinic de Barcelona. Los estándares para esta producción, apunta, son muy específicos, puesto que todos los centros de investigación pública deben asegurarse de producir «lo mismo y en las mismas condiciones».
Con las células ya modificadas (un proceso de tres a seis semanas), el paciente ingresa para la reinfusión de las mismas. Si bien es un proceso «sencillo», lo «crítico» viene a continuación, tal y como relata Boquete.
El paciente se queda ingresado entre una y dos semanas, sometido a una vigilancia «estrecha», dado que los efectos secundarios de las células pueden llegar de forma muy repentina por el «shock inmunológico» que sufre el cuerpo. Entre los más habituales, fiebre alta, bajadas de tensión, confusión y dificultad para hablar, y somnolencia. En la mayor parte de los casos, son temporales y no revisten gravedad.
LOS TUMORES SÓLIDOS, LA ÚLTIMA FRONTERA
El centro tiene en marcha también otras líneas de investigación en este ámbito como la llevada a cabo de la mano de la doctora África González, de la Universidad de Vigo, con células CAR-T diseñadas para actuar contra cánceres sólidos, y otra derivada de una tesis con células enfocadas a cánceres gástricos y pancreáticos.
«También estamos investigando en llevar esos CAR-T a las células T sin utilizar el antivirus, que es lo que se hace ahora mismo, y trabajamos con María José Alonso de la Universidad de Santiago de Compostela. Con este proyecto lo hacemos con nanopartículas», relata.
La próxima frontera es atacar los tumores sólidos, explica la investigadora. En este ámbito, además de las células CAR-T, el centro trabaja para conseguir la autorización para la producción de terapias con linfocitos T, específicos contra virus.
Esta terapia celular, similar a las CAR-T, sustituye el receptor artificial por un receptor T natural para que reconozca con mucha más afinidad una diana tumoral concreta — identifican fragmentos de proteínas internas del tumor –.
En este caso, la experiencia del paciente es similar a la que puede vivir con terapias CAR-T. También lo son las ventajas que ofrecen frente a los tratamientos ordinarios.
«Son terapias muchísimo más específicas. Si piensas en una quimioterapia, está atacando a las células vivas y aunque van a dirigir más su efecto contra las células cancerígenas, también van a afectar al resto. En el caso de las CAR-T y similares, van a atacar a las células que tengan esa proteína. Es cierto que eso implica también a las células B del paciente, pero no va a atacar al resto del cuerpo en general. Tiene una toxicidad mucho menor y muchos menos efectos secundarios en ese sentido», destaca Boquete.
«EN DEUDA» CON LA CIENCIA BÁSICA
Preguntada por el futuro, además de penetrar en los tumores sólidos con la mejora de las CAR-T, «cada vez más complejas», Boquete pone también el foco en las investigaciones «prometedoras» de las conocidas como Natural Killers (NK). Estas pueden modificarse o no — lo que aumenta su efectividad –, pero no dependen de ello para funcionar. No buscan una ‘diana concreta’, simplemente se activan cuando detectan algo fuera de lo normal en las células de la persona que las recibe.
La investigadora destaca también lo oportuno de intentar reducir los tiempos, tanto respecto a los pacientes como a la investigación. Y es que cada vez se intenta que los pacientes accedan al tratamiento antes ya que, que sea la última opción, hace que sus células estén ya «muy cansadas» y eso puede repercutir en la efectividad de la terapia.
En cuanto a la investigación, el proceso comienza identificando un antígeno con células tumorales para, a continuación, diseñar el CAR-T de forma que pueda identificarlo y atacarlo. Le siguen test in vitro para comprobar su efectividad, ensayos en animales y ya, por último, ensayos clínicos en humanos, con varias fases (que es en el ámbito en el que se mueve el centro gallego).
«Estamos hablando de unos 8 o 10 años dependiendo de la ruta que tomes y lo rápido que puedas avanzar en ensayo clínico. Eso es lo que se está intentando acelerar para hablar de 5 o 4 años, dependiendo de lo conocido que sea el antígeno», comenta.
En este sentido, Boquete destaca la «deuda» que esto deja con la ciencia básica. Celebra que estos avances impulsen la investigación como pero insiste en que también debe apoyarse «la base de todo».
«Se está invirtiendo más, sí, pero es cierto que nos falta esa parte de decir: bueno, todo esto viene derivado de una ciencia básica. Vamos a apoyarla para que puedan surgir de ahí, poquito a poco, nuevas terapias que tengan tanto o más potencial que estas», anima.
«Dependemos siempre de la investigación anterior. No podemos sacarnos una terapia sin saber la biología básica de esas células. Hay que dar siempre un impulso desde cero a toda la investigación que al final, puede llegar a traslación o no. Hay que correr ese riesgo porque, si no, no podremos avanzar en el tipo de terapias que estamos haciendo», reivindica.

