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Rural.- Los incendios y la sequía sabotean un magosto marcado por castañas «secas, pequeñas y en poca cantidad»

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Tras un agosto crítico para Galicia y, en especial para las provincias de Lugo y Ourense, la temporada de castañas y los esperados magostos se han visto comprometidos por los fuegos. Además, la ausencia de precipitaciones en septiembre y comienzos de octubre han afectado a la calidad de estos frutos. «Los incendios y la sequía está matando este producto», ha señalado el encargado de Canstaval, Castañas de Valdeorras.

«Tenemos el 30 o 40% de cosecha de un año normal» relatan desde la empresa del Ourense oriental, señalando que la castaña es pequeña «aunque está mejorando con las lluvias de los últimos días». No obstante, la demanda «no es muy fuerte» exceptuando un «pequeño repunte a principios de noviembre, por el día de Todos los Santos».

Coincide Castañas Rosendo, que trabaja con árboles de Riós y Vilardevós — zonas muy afectadas por los fuegos de agosto –, ha lamentado que, además de percibir una «menor demanda del producto» la castaña llega «muy pequeña y completamente seca» y a estas alturas ya no hay tiempo de que se hagan más.

«Está saliendo de peor calidad y hay poca castaña, la campaña ni la empezamos porque no hay, es imposible porque no llovió, llevábamos meses sin lluvia, creo que desde abril, y así no se puede formar», apunta. Ahora, en plenas semanas de magostos, ponen la mirada en el próximo año, afirmando que lo que les queda es la «esperanza de que los castaños quemados vuelvan a brotar» porque «sino se ha perdido un modo de sustento».

Por su parte, en Naiciña, productora de Chantada (Lugo), manifiestan que el «calor excesivo» de septiembre y octubre también ha pasado factura al fruto. «Es pequeña, seca y tiene un porcentaje de daño causado por insecto muy elevado», explica.

La producción se sitúa en torno al 30% con respecto a un año normal y han percibido que dentro de los propios erizos — donde suelen nacer tres o cuatro castañas — ocurre un fenómeno por el cual sale una normal y dos ‘bolecos’ o ‘castañas malogradas’ es decir sin llegarse a desarrollar. Esto, apuntan, se debe a la falta de agua que le permita formarse.

«El castaño es una especie que para vivir no necesita dar castañas, con la sequía y los incendios, se resiente para sobrevivir», han sintetizado.

ALGUNAS EXCEPCIONES

No obstante, algunas productoras como Castañas Rafael — que trabaja con castaños de la provincia de Ourense — defienden la calidad del fruto, aunque «la cantidad sea escasa». «Para un magosto siempre hay, el problema es poder suministrar a una gran distribución y a todo el público en general», remarca.

Además, subraya que, con las últimas lluvias se empieza a revertir la situación de la castaña, que se encontraba deshidratada. «Aunque llegan tarde y no solucionan la cantidad en muchas zonas, mejora la conservación y el estado del fruto», ha ampliado.

En este sentido, Amarelante, productora de Manzaneda, explica que la humedad interior de la castaña depende del momento de la caída, ya que hay castaños que empiezan a desprenderlas en septiembre o principios de octubre. «Nosotros empezamos a recolectarlas hace una semana y ya había empezado a llover, así que no tuvimos problema con que estuviese deshidratada», desarrolla.

A renglón seguido, puntualiza que, para que a la castaña le afecten las lluvias, «tienen que producirse sobre 20 días antes de que empiece a caer». «Ahora se ven más limpias y brillantes, pero no va a hacer que sean más grande o mejor, lo único de aquí a 15 días, las últimas que caigan quizás se puedan ver un poco más grandes», extienden. Por este motivo, en muchas producciones que recolectaron hace semanas no se han percibido mejoras.

En su caso, destacan que aunque el fruto es pequeño, es «más dulce porque concentra más el azúcar». Aún así, según las estimaciones iniciales la cosecha será «alrededor de un 30% menor a la del año pasado».

EL CAMBIO CLIMÁTICO

Amarelante incide en las consecuencias del cambio climático para las zonas rurales, ya que este ha provocado la «disminución de las producciones por el aumento de las plagas» y las «altas temperaturas» en los meses de septiembre y octubre.

«Ahora vemos normal recolectar el 50% de las castañas que se cogían hace diez años. Este año por ejemplo tenemos un 30% menos de ese 50%», lamenta.

La productora ourensana expone que «hace una década se movían 250.000 kilos de castañas sin problemas y el año pasado se movieron 100.000». «Con las lluvias de primavera había mucho erizo, que haya sequía en agosto es normal, pero al no llover en septiembre no llegó a criar. El problema más gordo es el clima», concluye.

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