Un vecino de Carril, en Vilagarcía (Pontevedra), encontró hace décadas una ánfora de la época romana, un hallazgo en la Isla de Cortegada que guardó hasta que en 2014 decidió entregarla al Parque Nacional. Ahora, una colaboración entre esta entidad y la Universidade de Vigo ha permitido la identificación «con precisión» de esta pieza y su documentación.

Se trata de una ánfora de tipo Dressel 2-4, uno de los más comunes producidos a lo largo de todo el Mediterráneo desde el siglo I a.C. hasta finales del siglo I d.C. La pieza conserva la parte superior completa, cuello y boca, pero no las asas.

El trabajo de los investigadores vigueses, explica la Consellería de Medio Ambiente, ha permitido determinar que la pieza recuperada en Cortegada fue fabricada en un taller alfarero del norte de África, en el actual sur de Túnez y oeste de Libia, y que se usaría, probablemente, para transportar vino africano, como «demuestra el interior resinado que aún conserva».

Se trata de la primera ánfora de este tipo fabricada en África y documentada en territorio gallego, en que las piezas de este tipo más habituales son las producidas en el golfo de Nápoles y que servían para exportar el famoso vino de Campania.

Cabe destacar que la identificación en estos casos suele ser difícil, no tanto a la hora de determinar la tipología, sino más bien su lugar de producción, dado que la pasta cerámica de la que están hechas suele ser muy modificada tras pasar siglos sumergidas en el océano.

En el caso concreto de la ánfora localizada cerca de Cortegada, sin embargo, se pudo establecer con seguridad el tipo y lugar de procedencia, datos muy importantes para reconstruir la ruta comercial y el producto que llegó a las costas gallegas en la época romana.

POSIBLE NAUFRAGIO

Los científicos explican que este importante hallazgo, realizado hace décadas pero que no se pudo identificar hasta ahora, refuerzan la importancia de Cortegada en la época romana, algo que impulsó varias actuaciones arqueológicas, especialmente, en el entorno de Punta Fradiño, al noroeste de la isla.

El objetivo siempre fue localizar un posible pecio romano hundido en la zona y de cuyo cargamento se fueron recuperando durante años ánforas y otras cerámicas por parte de pescadores, buzos y también al abrigo de varias intervenciones arqueológicas, como la llevada a cabo en los años 80 por el Museo de Pontevedra y la Comandancia Militar de Mariña de Vilargacía, cuyos hallazgos se encuentran depositados en el Museo Provincial de Pontevedra.

Pese a no haberse localizado restos del navío, la cantidad de ánforas completas y la homogeneidad cronológica de las piezas recuperadas apuntan a la posibilidad «real» de un naufragio romano datado en el siglo I d.C., una cronología similar a la de otro pecio romano gallego localizado en la zona de Cabo de Mar, en la ría de Vigo.

ÁNFORA AFRICANA

El ánfora africana Dressel 2-4 refuerza esta hipótesis al contar con una cronología que se enmarca perfectamente en la que se tenía para el resto de ánforas.

Además, muestra una imagen más precisa del cargamento, en el que se combinan diversos productos –vinos, aceites, salazones…) de diferentes zonas del Mediterráneo y del Atlántico.

Así, lo más probable es que este barco partiese de un puerto del sur de Hispania, cargado con productos principalmente de esta región pero con otros procedentes de zonas más alejadas, que llegarían al sur de la península a través de alguna de las rutas marítimas del Mediterráneo.

Con todo, las investigaciones apuntan que, entre todos los materiales recuperados en la zona de Cortegada, existen también piezas que no se encuadran en estas fechas, por lo que los científicos señalan que hay que pensar que, además de un posible naufragio, el entorno de la isla también se empleó como zona de desembarco de las actividades comerciales que se llevaban a cabo en la ría Arousa en la Antigüedad.