El acusado de apropiarse de la herencia de su tía, cuya beneficiaria era otra persona, se ha declarado inocente en el juicio celebrado en la sección segunda de la Audiencia Provincial de A Coruña. En él, ha alegado que realizó retiradas de dinero de una cuenta para cubrir los gastos para ir a visitarla a la residencia de Toledo donde estaba ingresada.

El hombre reconoció que era el tutor de la mujer tras declararse su incapacidad en 2004, momento en el que había 60.000 euros en las cuentas bancarias, recordó. A preguntas de la fiscal, admitió que retiró, en un primer momento, 20.000 euros, para «resarcirme de los gastos que había tenido» por ir a verla desde Logroño, donde vivía.

«Me dijo que quería que la fuera a visitar con frecuencia», explicó el acusado, que expuso que le suponía «un gasto elevado» trasladarse a Toledo. «Mi tía me dijo que no me preocupara, que los gastos correrían de su cuenta», justificó, asegurando que acudió dos veces al mes hasta que la mujer falleció en 2007.

La Fiscalía solicita una pena de cinco años de prisión y la acusación particular, que representa a la heredera, seis, por apropiación indebida continuada. «A mí nadie me dijo que tenía que rendir cuentas ni a quién ni dónde», contestó el hombre ante la advertencia de la fiscal por no haber dado cuenta al juzgado donde había sido incapacitada de los movimientos de dinero.

A preguntas de su abogado, el acusado rechazó haber solicitado la incapacitación de su familiar. Según su versión, la residencia le alertó de que alguien «se estaba aprovechando de ella», en referencia a la heredera, pero añadió que tampoco se propuso como tutor frente a otros seis sobrinos de la mujer, sino que fue el único que acudió a la vista judicial.

El hombre relató cómo parte del dinero retirado eran «para cubrir gastos» de la mujer, entre los que contabilizó ropa o un bastón, así como una cantidad fija al mes de 200 euros. «Nunca la faltó dinero», insistió.

HEREDERA

En su escrito de calificación, la Fiscalía señala que la tía del acusado abrió una cuenta con la beneficiaria de su herencia en una sucursal de Madrid, donde residía, con un saldo, en 2003, de unos 90.000 euros y que un año después era de 60.000.

El mismo año de la apertura de la cuenta, en 2001, la mujer otorgó testamento a la persona con la que abrió la cuenta. En 2007, fecha del fallecimiento de la mujer, quedaba en la cuenta un saldo de 3.136 euros, «cantidad que el acusado una vez más en beneficio propio consumió hasta dejar la cuenta con saldo negativo», según la fiscal.