El grupo de Inmunología y Genómica del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM) de Vigo ha realizado un estudio sobre el efecto de los nanoplásticos de poliestireno (un material que se usa, por ejemplo, para empaquetar alimentos) en los mejillones, que se consideran un «sensor de contaminación».
Los investigadores, que han colaborado en este trabajo con la Universidad de Cádiz, han publicado sus conclusiones recientemente en ‘Journal of Hazardous Material’, informó en un comunicado el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
El doctor Antonio Figueras explicó que el poliestireno es el plástico que más se produce y que su fragmentación y degradación es lo que se conoce como microplásticos y nanoplásticos. Estas partículas constituyen una preocupación medioambiental que se traslada también a la seguridad alimentaria, puesto que podrían incorporarse a la red trófica y estar presentes en los alimentos que consumen los humanos.
En concreto, los investigadores describieron la distribución de los nanoplásticos de poliestireno en diferentes tejidos del mejillón gallego y vieron que la mayoría de las partículas estaban en la glándula digestiva, pero también estaban presentes en el tejido muscular y las branquias.
Después de conocer, a través del estudio, que los nanoplásticos se integran en el mejillón y se trasladan a la hemolinfa (sangre) y se incorporan a los hemocitos (células de la sangre), los investigadores comprobaron su influencia en la habilidad para moverse espontánea e independientemente de los hemocitos, que son células adherentes con la capacidad de infiltrarse en los tejidos y pasar a zonas infectadas o dañadas.
Se detectó también una translocación más rápida de nanoplásticos de poliestireno a la hemolinfa después de tres horas de exposición a las partículas y que la actividad de los hemocitos fue más alta en exposiciones a nanoplásticos de 50 nanómetros. Debido a la resiliencia de estos bajo una exposición aguda a nanoplásticos seguida de una infección bacteriana, fueron capaces de hacer frente a la infección y recuperaron su capacidad fagocítica.
Otro estudio, en colaboración con el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía y las Universidades de Cádiz y Huelva, ha mostrado por primera vez cómo distintas poblaciones de células del sistema inmune de mejillón responden de forma diferente a la exposición de nanoplásticos y que son los granulocitos los que presentaron una mayor sensibilidad.
La doctora Marta Sendra indicó que la investigación aporta nueva información a nivel celular del comportamiento de este contaminante emergente y su interacción con su entorno».

