En el alto del monte Aloia, en la sierra del Galiñeiro (al sur de la provincia de Pontevedra), se encuentra “uno de los asentamientos fortificados más grandes y, paralelamente, más desconocidos, del noroeste peninsular”. Con una extensión de aproximadamente 32 hectáreas, se trata de un “gigante altomedieval olvidado”, en palabras de Mario Fernández Pereiro, investigador de la Universidad de Santiago de Compostela, quien presenta los primeros resultados del estudio arqueológico que ha estado realizando en este lugar, con el que intenta resolver algunas de las muchas incógnitas que aún existen sobre este recinto.

Se trata, según Fernández Pereiro, “de uno de los mayores asentamientos fortificados localizados en Galicia” (considerada por algunos la muralla antigua más grande de toda Galicia, con unos tres kilómetros de longitud, mayor, por ejemplo, que la muralla romana de Lugo), lo cual “constituye una evidencia de la reaparición del paisaje fortificado tras el fin del imperio romano a comienzos del siglo V”, y a pesar de lo cual, “apenas fue objeto de una investigación arqueológica en profundidad”. Su desconocimiento es tal, que está abandonado, sin protección de ningún tipo, sin señalizaciones ni catalogaciones para protegerlo y mantener su conservación, y castigado por los destrozos humanos.

Por su extensión, estamos ante un “recinto fortificado de un tamaño extraordinario y poco común en el noroeste peninsular”, solo comparable con “menos de media docena de fortificaciones que tengan un tamaño semejante: las capitales conventuales de Lucus Augusti –34 ha.– y Bracara Augusta –44-50 ha.– o, en el caso de recintos fortificados parecidos al Aloia, y ya a mucha distancia en cuanto a superficie ocupada, se pueden mencionar los casos de Castro Valente –próximo a Iria Flavia, 10 ha.– o Castro Ventosa –Cacabelos, 5,5 ha.–”.

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