La economía alrededor de las bateas no queda fuera de los cambios que la Unión Europea le quiere dar a la producción y gestión de los recursos, incluidos los marinos. Así, existe consenso en que la producción de mejillón entraría en los parámetros de economía circular que pretende la UE. Su sostenibilidad basada en plataformas construidas con madera, la no introducción de elementos como abonos o antibióticos y que se esté explotando una especie autóctona, darían suficientes garantías para que esta actividad sea vista como sostenible. Pero todavía existen puntos que tendrían que ser estudiados con más detalle debido a posibles consecuencias a largo plazo en el hábitat marino.


¿CIRCULAR Y SOSTENIBLE?

Lo primero que apuntan desde el Consello Regulador do Mexillón de Galicia es que estamos delante de una industria natural. El Consello Regulador insiste que dentro de las fórmulas de producción de alimentos animales, la del mejillón “es la que posiblemente menos impacto tenga puesto que no se hace uso de insumos ajenos al ecosistema, como pueden ser fármacos”, declara Ángeles Longa, del departamento de I+D del Consello Regulador.

Según Ángeles Longa, hay estudios que demuestran que la producción de bivalvos en medio natural puede tener efectos ambientales beneficiosos, lo que se llama servicios ecosistémicos. “Estos documentos demuestran que la cría de mejillón en batea aumenta la productividad natural del sistema”.

Xandro García, biólogo marino, concuerda en que la batea es un tipo de explotación sostenible puesto que “es una granja para un animal y es renovable porque puede durar en el tiempo de manera infinita porque la producción también es renovable”. Y no solo se refiere al hecho de cultivar un bivalvo autóctono, sino que la misma construcción de las bateas, en madera, también permite que sea un elemento natural y reciclable.

CONTAMINACIÓN

La exigencia de calidad y mismo excelencia en la producción económica dentro de la UE, lleva parejo el cumplimiento de una serie de medidas ambientales. Por que una de las grandes preocupaciones sobre lo medio marino y la producción ligada a él, es la presencia de microplásticos que entran en la cadena alimentaria.

En el caso de las bateas, aunque su trabajo diario implica el uso de materiales plásticos, sobre todo las cuerdas donde cuelga el mejillón. “Todas las actividades humanas ahora mismo producen microplásticos” dice Ángeles Longa. Sobre si las bateas llegan a producir microplásticos, considera que “todo se puede mejorar, mas sigue siendo una actividad sostenible”.

No creo que las bateas sean origen de grandes cantidades de microplásticos” dice Xandro García, aunque las cuerdas de las bateas sean de ese material, “pero el origen de la mayoría del plástico en el mar viene de tierra”.

HUELLA ECOLÓGICA

La huella ecológica de las bateas existe desde que aparecieron las primeras explotaciones de este tipo. Sobre todo si tenemos en cuenta que los polígonos de estas construcciones ocupan su espacio dentro de las rías y lugares donde se instalan. “El caso es que ya no se pueden instalar más bateas en las rías gallegas porque están saturadas” apunta García. ¿Esa saturación podría estar afectando a los fondos de las rías? “Los perjuicios pueden venir del aumento de nitratos en medio marino, y sobre todo debajo de las bateas, porque quedan acumuladas las heces que emite el mejillón” incide García.

Ángeles Longa, sobre la posibilidad de una acumulación de restos debajo de las plataformas, apunta que se puede dar el caso “de pérdidas de cuerdas con mejillón, mas los mejilloneros son los primeros en recogerlas porque hablamos de una pérdida económica”. No obstante, el depósito de restos, sobre todo las conchas, no tiene un efecto de “residuo”, según explica Longa, “el residuo se crea en tierra, la concha es un residuo cuando acaba en tierra, en el mar no”.

Otro punto es se la diversidad de la fauna marina estaría mermando allí donde están los polígonos bateeiros. “Es muy arriesgado decir que provoca la desaparición o desplazamiento de otras especies” apunta Xandro García.

También queda por saber si la actual distribución de los polígonos mejilloneros, podría ser mejorada o reformada de cara a un mejor aprovechamiento de las rías. Esta es una cuestión que para las fuentes consultadas no es fácil de responder. “En los años 90 se hizo un esfuerzo por organizar los polígonos de bateas por parte de la Xunta” dice García, quien remarca “no me atrevo a decir que haya una distribución mejor que la existente pues no cambió nada desde los 90 y eso quiere decir algo”. Lo que sí es cierto es que no habría posibilidad de meter más bateas porque el ecosistema ya está saturado.

A modo de conclusión, las producción mejillonera puede ser descrita como ejemplo de economía sostenible según las fuentes consultadas. Con todo, quedan aspectos que tendrían que ser estudiados en profundidad como su huella ecológica, la incidencia de la propia actividad productiva en el agua y saber con certeza si el sistema marino está o no saturado por el acción de las bateas.

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