La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 950 euros supuso para numerosos sectores laborales un pequeño alivio a fin de mes. La tentativa de subirlo a los 1.000 euros por parte del Gobierno central quedó en eso, en tentativa, pues con el contexto de pandemia y crisis económica emparejados, obligó al Ejecutivo de Pedro Sánchez a la congelación del SMI. Eso a pesar de haber prometido desde el actual gobierno de coalición PSOE- UP un salario mínimo de 1.200 euros para el final de la legislatura. La pregunta es cómo repercutirá el actual contexto en el aumento salarial, por lo menos a medio plazo.

PERSPECTIVA GALLEGA

Hay una diferencia entre las distintas escalas salariales” dice el secretario confederal de Negociación Colectiva de la CIG, Francisco González Sío. La diferencia está entre aquellos trabajadores que no sufren la crisis dentro de las escalas salariales y los que no. Los primeros son empleados de industria y administración por ejemplo. En el segundo caso están los empleos feminizados, servicios y gente joven que accede a su primer empleo.

Los salarios son cada vez “más precarios para tener una mano de obra más barata y también para buscar una confrontación entre las nuevas incorporaciones a los puestos de trabajo y los que ya llevan años” dice Ricardo Castro, secretario general de la CUT. La explicación es que mientras los trabajadores con más antigüedad seguirán con salarios altos o podrán verlos elevados, por el contrario, quien se incorpore al mismo puesto cobrará menos, “con diferencias de 300 o 400 euros mínimo”.

Las cifras salariales de 2020 no se conocerán hasta febrero de este 2021 y aun así ya se puede adelantar que “la precarización salarial se ha intensificado mediante fórmulas de contratación como riders, falsos autónomos y otros modelos” dice Maica Bouza responsable de Empleo de CCOO. Bouza entiende que hay una tendencia a la individualización del trabajador para romper la homogeinización laboral.

José Carlos Rodríguez, secretario institucional de UGT Galicia, coincide en que las mensualidades de los y de las trabajadoras gallegas son “bajas”. No obstante, Rodríguez puntualiza que “en industria son un poco mejores, mas en sectores como la construcción o la hostelería son realmente bajos debido muchas veces a la baja cualificación”. Otras áreas como el comercio y los cuidados en el hogar tampoco presentan buenos índices salariales.

“Entendemos que en muchos casos los salarios no son suficientes” dice Ángel Torreiro de la Asociación de Empresarios de Ferrolterra. “Lo ideal es el aumento del poder adquisitivo de las familias, pero ahora mismo la situación es muy compleja para la mayoría de las empresas”. ¿Sería necesaria ya la subida del SMI? Torreiro entiende que son numerosos los sectores en situación crítica y por tanto, el incremento de salarios podría hacerse de manera paulatina.

Desde la Consellería de Emprego e Igualdade responden que el salario en Galicia, según los últimos datos de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (tercer trimestre de 2020), se sitúa en 1.693 euros. En el tercer trimestre de 2016 era de 1.624,04 euros y en el tercer trimestre de 2017 se situó en 1.651,58 euros. Por lo tanto, la evolución en los últimos tres/cuatro años es favorable”. Desde 2009, Emprego señala que Galicia incrementó los salarios a un ritmo “del 5,44%, superando el ritmo medio de subida estatal que alcanzó un 4,64%”.

Indican además que los salarios crecieron desde 2009 “en la industria, en la construcción y en los servicios”. Como dato específico, señalan que Galicia es la “segunda comunidad con un mayor ritmo de subida salarial en los últimos once años (+19,58%), superando en más de ocho puntos el ritmo de subida en España (+11,31%)”.

SALARIOS

El principal defecto que ven ahora mismo las organizaciones sindicales es la derogación de la reforma laboral de 2012. La pregunta que surge es por qué no se ha derogado ya con un gobierno, en teoría, opuesto a la última reforma del gobierno Rajoy. “Consideramos que es debilidad del gobierno” dice González Sío, “creemos que evita legislar”. En tal caso, preguntado por la cantidad que puede llevar una persona a su casa cada mes en condiciones laborales, el miembro de la CIG responde que solo el 50% de las personas que están en el mercado laboral en Galicia podrían llegar a 1.350 euros a fin de mes. El otro porcentaje estaría cobrando salarios muy por debajo de esa cifra, dificultándoles afrontar el coste de la vida en muchos casos.

Existe un empobrecimiento salarial que ha ido aumentado desde los años 80 y que a partir de los 90 y 2000 lo hizo de manera muy acelerada. Hubo una entrada de personas al mercado laboral que realizaban trabajos por mensualidades más bajas, “incluso en negro” y que suponían una competencia a los salarios ya establecidos con anterioridad.

“Hay que tener en cuenta que los salarios actuales están perdiendo poder adquisitivo, en parte porque la mayor parte de las personas se endeudan” analiza Ricardo Castro. “Las bajas salariales llevan a un camino de igualar a los trabajadores en la precariedad”. Haciendo una comparativa entre los inicios de la crisis de 2008 y la actualidad, Castro ve peor la situación actual con un aumento de la precarización salarial en todos los sectores.

Los últimos convenios laborales quisieron colocar el salario medio por encima del IPC y aun así la capacidad de los sueldos no ha mejorado. Para Maica Bouza la situación que vivimos hoy arrastra las consecuencias de la última reforma laboral “que fue hecha por las patronales y que aumentó las diferencias salariales por ejemplo entre hombres y mujeres mediante el uso de complementos como el de presencia. La mujer tradicionalmente es la que lleva el peso de los cuidados en la familia, por eso su presencia puede verse reducida en el puesto de trabajo frente a la del hombre que puede estar todos los días. Eso es lo que crea diferencias a la hora de cobrar.

Es necesario aumentar la presión sindical y mismo denunciar las empresas que, por ejemplo, contratan falsos autónomos” sentencia Juan Carlos Rodríguez. Esto último se vio en sentencias contra empresas de reparto a domicilio, que acabaron por dar la razón a los que denunciaron una situación laboral irregular. “Hay que negociar convenios y seguir con el aumento de los sueldos”.

Ángel Torreiro ante la pregunta de cuál sería la cifra idónea ahora mismo de un salario mínimo entiende que “se debe subir hasta una cantidad que permita suplir las necesidades de cada unidad familiar”. Al otro lado de eso, sobre la derogación de la reforma laboral, Torreiro entiende que “ahora mismo no es el principal punto a tratar, aunque todo es revisable”. Las necesidades pasan por centrarse en sectores económicos como hostelería, turismo y en Ferrolterra la industria, el naval y la situación de Gamesa.

La Consellería de Emprego e Igualdade por su parte, indica que el poder adquisitivo de los gallegos y gallegas ha mejorado “gracias a la buena evolución que se registraba en el comprado laboral antes de la crisis sanitaria”. Para afrontar el actual contexto, desde el departamento de María Jesús Lorenzana se implementará la nueva Agenda de Empleo para “recuperar el antes posible el empleo perdido durante la pandemia”. Los presupuestos de la Consellería de Empleo e Igualdad, 355 millones de euros, “se refuerzan con un incremento del 32% con respeto a los de 2020”.

Las actuales perspectivas salariales en Galicia no parecen muy favorables para la mayoría de trabajadores y trabajadoras. Los sindicatos piden la derogación de las reformas laborales como un paso decisivo a la mejora de las condiciones laborales. Las empresas no creen que sea momento de aumentar salarios ante la crisis económica derivada de la pandemia y con el cierre y estancamiento de sectores productivos. Las autoridades autonómicas, mediante los presupuestos destinados la políticas de empleo, esperan unos resultados positivos de cara a la recuperación así que pase la crisis sanitaria.