El Instituto Nacional de Estadística (INE) había publicado en 2013 la encuesta sobre viviendas vacías en España. Galicia estaba en el primero lugar con un 18,6% de casas y pisos sin ocupar. El informe, en sus páginas 16 y 17 indicaba: que Galicia está entre las autonomías con mayor porcentaje de » vivenda vacía» y que Ourense, con un 23%, y Lugo, con un 20%, estaban a la cabeza de las viviendas vacías en el conjunto del Estado.

EL INMOBILISMO INMOBILIARIO

La Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias (FEGEIN) había elaborado en 2019 un nuevo estudio sobre la desocupación habitacional en Galicia. La conclusión era que los datos casi no habían variado desde lo 2013, cuando el INE había sacado a la luz su informe. Galicia estaba y seguía estando como primera comunidad con el porcentaje más elevado de vivienda desocupada, traducido en números, cerca de los 300.000 posibles hogares sin ocupar, y esto durante casi una década.

El mismo informe de FEGEIN señalaba un porcentaje elevado de vivienda desocupada fruto del abandono rural. Fuera de este ámbito, las siete grandes ciudades gallegas concentraban casi 90.000 viviendas. A Coruña con un 14,24% y Vigo con un 12,94% estaban a la cabeza en cuanto inmuebles desocupados, y aun así, no llegaban a la media gallega que era del 18,6%, media superada por Ferrol con el 19,7% y Ourense con el 21,7%.

La falta de movilidad en el parque de viviendas en Galicia responde, según fuentes como EAPN-Galicia, a la búsqueda de beneficios por parte de constructoras y propietarios. Dentro de los últimos están las entidades bancarias queriendo recuperar la inversión directa o indirecta en construcción (en buena medida, efectos de la burbuja inmobiliaria). Además de eso, también se suma la falta de coordinación entre administraciones y que muchos planes destinados a la creación y rehabilitación de viviendas no dieran los frutos esperados.

VIVIENDA Y MOVILIDAD SOCIAL

Uno de los problemas añadidos de la pobreza en cualquiera de sus grados es la dificultad de movilidad social (cuando no es imposibilidad). Entre los diferentes elementos que ayudan al cambio dentro de las estructuras sociales está la vivienda. Habitar un hogar sin las condiciones necesarias para el desarrollo de la persona o residir en un área afectada por el “chabolismo” y la infravivienda, crea un “estigma” social sobre la persona. Al final se traduce en la exclusión social de personas y colectivos.

En Galicia el porcentaje de personas afectadas por la mala situación de su vivienda (exclusión residencial) es del 35%. Dentro del total de este porcentaje, el 66% de estas personas están en situación de exclusión severa. El porcentaje medio en España en el primer caso es del 24% y en el segundo del 69%. Los datos proceden del Informe FOESSA de 2018. En este documento se alertaba de que además de la exclusión residencial, 61.400 hogares gallegos eran inseguros, 47.400 no eran apropiados para vivir en ellos o que algo más de medio millón de gallegos y gallegas habitaban viviendas en situación de insalubridad.

Las mismas cifras fueron presentadas a la Comisión de Reactivación Económica, Social y Cultural en el Parlamento de Galicia por EAPN-Galicia. En dicha Comisión se quiso dejar constancia del problema existente con la vivienda en Galicia así como de la falta de receptividad por parte de las instituciones sobre este punto.

Añadido a esto último, las viviendas carentes de medios suficientes para una vida digna de sus inquilinos absorben la mayor parte de las rentas. Las familias con escasos recursos económicos deben priorizar gastos y en primer lugar están los gastos relacionados con la vivienda (alquiler, facturas, etc.). Tal como se dijo en la Comisión de Reactivación, los gastos habitacionales impiden tanto la mejora en la calidad de la alimentación como “el éxito en los procesos y medidas de inclusión social”.

En 2015 la Xunta puso en marcha el Plan Galego de Vivienda 2015-2020 con más de 300 millones de euros, de los que más de 130 millones eran para rehabilitación. Los resultados no son los esperados según se deduce de las cifras aportadas por informes y comparecencias en comisiones parlamentarias. Las asociaciones y ONGs vinculadas a la lucha contra la pobreza, ven una actitud de “aporofobia” en cuanto políticas de viviendas en particular y de erradicación de la pobreza en general.

Los planes de vivienda de la Xunta no parecen haber solucionado el problema de acceso habitacional en Galicia. Cierto es que el Plan Galego de Vivenda acababa en 2020, año de la pandemia, pero aun así hubo un recorrido anterior de cuatro años en el que se pudo ver materializado buena parte del plan. La consecuencia es que el 35% de los gallegos y las gallegas viven en hogares con dificultades de habitabilidad y la urgencia de afrontar este problema es preocupante.