Un euro gastado por un peregrino en su ruta a Santiago se multiplica por más de dos en comparación con el impacto que genera en la economía gallega un turista convencional. Así lo determina un estudio elaborado por Turismo de Galicia que cifra en el 2,3 por ciento el peso del Camino en el gasto turístico de la comunidad, aunque el traslado a la economía gallega es «mucho mayor» en términos cualitativos.

«Por las características del gasto que realizan los peregrinos, cada euro tiene un impacto mayor en la economía. Esto es así principalmente porque no usan medios de transporte y centran su gasto en restauración y alojamiento, que son negocios que tienen más arrastre sobre otros sectores de la economía», ha señalado en declaraciones a Europa Press el jefe del Área de Estudios e Investigación de Turismo de Galicia, Jaime Leirós.

Esta es una de las principales conclusiones del estudio publicado en 2017 que aborda el impacto socioeconómico de la Ruta Jacobea y del que se extraen afirmaciones como que el gasto en comida y bebida se lleva el 61% del gasto del peregrino, apartados a los que el turista convencional destina el 26% de su presupuesto.

Según este documento, cada euro del peregrino genera hasta un 18% más de empleo en la comunidad y un 11% más de riqueza en comparación con el turista regular. Estos últimos desembolsan casi una cuarta parte de su presupuesto al transporte, un gasto «con bajo efecto multiplicador» a escala local.

Así, la media diaria de gasto de cada peregrino oscila entre los 40 y los 70 euros, aunque todo depende de la manera en que se quiera vivir una experiencia que se adapta como pocas a las posibilidades económicas del viajero.

DEL ‘LOW COST’ AL ALTO ‘STANDING’

Las posibilidades de alojamiento en las rutas a Santiago son variadas gracias al crecimiento exponencial que han experimentado este tipo de negocios durante las últimas décadas, fundamentalmente en el Camino Francés.

Del clásico albergue de literas por unos 10 euros la estancia a opciones de mayor confort de entre 30 y 70 euros como hostales y hoteles con habitaciones individuales, llegando a los Paradores donde alojarse por unos 300 euros la noche.

El estudio del 2017, desde el que se han batido cifras récord de peregrinos casi año tras año, establece que el mayor volumen de pernoctaciones se da en los albergues privados con cerca de 700.000 noches, casi el doble que en los hoteles (390.000) y unas cinco veces más que en los albergues públicos (157.000).

Todo ello en función de la temporada en la que se elija viajar, uno de los factores que determinan el desembolso total del Camino. Otro de estos condicionantes es la duración de la ruta, ya que, según han constatado los expertos de Turismo de Galicia, a menor duración del viaje, mayor es el gasto medio diario del peregrino.

«La duración del viaje condiciona el gasto medio diario. Es como si hubiese un presupuesto más o menos fijo y en función de cuantos días tengas para hacer el Camino, lo ajustas», ha resaltado Jaime Leirós.

SEIS TIPOLOGÍAS DE PEREGRINOS

En su estudio, Turismo de Galicia identifica seis tipologías diferentes de peregrino, cada una con unas características que influyen en su forma de vivir el Camino y, por consiguiente, cuánto se gastan en la experiencia.

La clasifiación analiza el comportamiento de los caminantes en función de cómo viven la experiencia desde factores como la edad, motivación, gasto o procedencia. Incluso se detiene en la consideración que el propio caminante tiene de sí mismo, ya que algunos no se ven como peregrinos, sino como simples viajeros.

Así, cada perfil de viajero se inclina preferente por un tipo de alojamiento. Por ejemplo, aquellos considerados como ‘expertos’ –de procedencia nacional, entre 40 y 50 años y con un espíritu crítico sobre lo que se encuentran en el Camino– casi siempre recurre a albergues públicos, mientras que el ‘lúdico’ –multinacional, recorridos cortos y motivación de ocio– nunca va a este tipo de establecimientos y se inclina por hoteles y pensiones.

ALOJAMIENTO, COMIDA… Y EXTRAS

Paralelo a la popularización de la Ruta Jacobea ha ido conformándose un sector económico vinculado a prestar servicios a los peregrinos más allá de darles cobijo por las noches y alimentarlos. Uno de estos negocios son la agencias que se encargan de ofertar packs vacacionales para aquellos que quieran despreocuparse de las reservas.

«Ayudamos en la organización de todo lo que tiene que ver con el viaje, desde la parte de alojamiento a cualquier tipo de servicio que puedan necesitar, como transporte de equipajes, traslados o lo que haga falta», ha explicado en declaraciones a Europa Press el gerente de Viajes El Camino, Miguel Sánchez.

Esta agencia ofrece packs «a medida» de lo que necesite y esté dispuesto a pagar el viajero. «Una de las maravillas que tiene el Camino es que es un viaje para todos los públicos y todos los bolsillos; desde la gente que quiere ir en una modalidad más sencilla y dormir en albergues con otros peregrinos viviendo la experiencia del Camino a otras personas que buscan más confort o más lujo en la calidad de los hospedajes», continúa el responsable de Viajes El Camino.

Así, el paquete más comercializado por esta agencia ronda los 300 euros por la reserva de alojamiento en una habitación privada durante toda una semana de Camino. También funciona, especialmente entre el viajero procedente de Latinoamérica, la «opción VIP», que se va a entre 600 y 700 euros.

A mayores de la cobertura de servicios básicos, el peregrino dispone de distintos complementos para hacer más llevadera la experiencia o sacarle más partido. «Hay gente que contrata un guía privado durante las rutas, tours privados una vez llegan a Santiago para vistiar Fisterra, la Costa da Morte o las Rías Baixas; o grupos que deciden poner puntos de avituallamiento en el Camino o que los acompañe un vehículo de apoyo», señala Miguel Sánchez.

IMPACTO EN LAS LOCALIDADES DEL CAMINO

Así las cosas, el estudio económico de la agencia dependiente de la Xunta determina que el Camino ha servido de aliciente económico para el desarrollo económico de las localidades por las que transcurren las distintas rutas.

«La conclusión es clarísima. Hay un impacto positivo en estos municipios en empleo, fijación de población y un gran número de variables», asegura el responsable de estudios económicos de Turismo de Galicia.

Con todo, el impacto es desigual en los distintos municipios, ya que, por ejemplo, representaba en 2014 casi el 22% del PIB de Triacastela, mientras que en Pedrafita, Portomarín y O Pino supera el 10%. Ser o no final de etapa es, para las localidades, un factor diferencial a la hora de sacar provecho económico del Camino.