El escritor Fernando Mahía (A Coruña, 1990) recorrió más de 15.000 kilómetros en poco más de tres meses con un vetusto monovolúmen de más de 20 años que lo llevó de una punta a la otra de los Estados Unidos para trazar un retrato del gigante norteamericano con la excusa del deporte de la canasta.

Tres años después, este periodista freelance y traductor asentado en Donostia plasma el viaje de aquel verano del 2019 en el libro ‘Coast to coast. Un viaje por los márgenes de Estados Unidos a través del baloncesto’, el debut literario del coruñés que ha editado Contra.

«Desde fuera siempre se dice: ‘Estados Unidos es así’. Pero hay muchos Estados Unidos dentro de los Estados Unidos. Nada tiene que ver un pueblo de clase media alta en la costa de California donde son casi todos veganos y progresistas en cierto sentido, con un pueblo o una ciudad pequeña en Alabama, donde son súper conservadores. Racismo estructural lo hay en todo el país, pero allí en esas zonas se notan mucho más las diferencias», resume el autor en conversación con Europa Press.

A lo largo de casi 300 páginas se entrecruzan los retratos de la emigración latina en los barrios de Nueva York, los «agujeros del mundo» de los barrios oprimidos de la Gran Manzana, la decadencia de las zonas post industriales del ‘Rust Belt’, la batidora cultural del sur, la isolación de lo poco que queda de los pueblos nativo americanos o la opulencia de la prosperidad del Oeste, confrontada cara a cara con las miles de personas que sobreviven en las calles de San Francisco.

«Hay ciudades que son enteramente latinas, con todo lo que eso conlleva cultural y sociológicamente. Cuando la gente piensa en el país lo identifica más con Nueva York o con la realidad más anglo. Pero hay mucho más que eso», remarca.

Para desenmascarar esta realidad poliédrica de la sociedad americana, Fernando Mahía tira de dos de sus pasiones: los viajes y la canasta. «El baloncesto es el deporte que te permite abarcar y poner en contexto todo lo que son los Estados Unidos», señala.

«Con el baloncesto se puede llegar a todas las capas de la sociedad norteamericana. Es un deporte multicolor. Lo inventó un canadiense, los afroamericanos lo llevaron a otro nivel y se juega en todos los rincones del país, da igual si son ricos o pobres, porque lo único que necesitas es una superficie medianamente plana, un aro y una pelota», incide el autor.

Así, subraya que en los deportes que tiene la etiqueta de ser «más estadounidenses», como el béisbol o el fútbol americano, «no existe la mitad de la población» porque la práctica femenina es poco más que residual.

EL ACTIVISMO DEL BALONCESTO FEMENINO

«El baloncesto femenino ha cobrado mucha importancia en los últimos años. No sólo deportivamente, sino también en el plano social, con un compromiso muy activo en cuestiones raciales o LGTBi», incide Fernado Mahía, que narra en uno de los capítulos del libro que fueron jugadoras de las Minnesota Lynx de la WNBA (hermana de la mayor liga del mundo de la canasta) las pioneras en el uso de camisetas con el lema ‘Black Lives Matter’, mucho antes que lo hiciesen sus compañeros de la NBA.

El viaje del escritor coruñés por el gigante norteamericano, le permitió conocer en persona a Ryneldi Becenti, la primera nativoamericana en llegar al baloncesto profesional y a quien Fernando Mahía acompañó en Shiprock, uno de los pueblos de la Nación Navajo, en el estado de Nuevo México.

Con todo, reconoce que la persona que mayor impacto dejó en él a lo largo del viaje fue Lusia Harris, la primera en ser elegida por un equipo de la NBA. Fernando pudo conversar en ella en el porche de su casa con una Harris ya muy sobrepasada por los achaques físico y por el paso del tiempo que dejó en el olvido de la historia del deporte a la mejor jugadora del baloncesto de una época en la que el basket femenino era poco más que una rareza.

La desigualdad de las mujeres con sus compañeros hombres en el mundo de la canasta es otro de los asuntos en los que cava el escritor coruñés, que adereza las páginas con la música que lo acompañó en su furgoneta durante el viaje: del hip hop nacido en el Bronx, al blues llegado a Chicago tras acompañar a los negros desde el sur donde surgió o el ‘Americana’ del Mid West.

«La desigualdad está presente allá donde mires. Pasa en todo el mundo, pero en Estados Unidos, como bandera del neoliberalismo salvaje, es mucho más evidente», relata Fernando Mahía, que antes de embarcarse en este viaje residió durante casi dos años en San Francisco, donde trabajó en un hotel enclavado en el barrio del Tenderloin en el que viven en la calle cientos de personas que acampan a pocos metros de las sedes de los gigantes tecnológicos que sirven de motor a una de las ciudades más ricas del mundo.

San Francisco, lugar donde nació la idea que lo llevó a la carretera en el verano del 2019, el periodista coruñés concluyó aquel viaje que narra en ‘Coast to coast’, escrito en su lugar de residencia actual, la capital de Guipúzcoa. Allí trabaja en su nuevo proyecto, otro libro de viajes, en este caso, más cercano: un viaje a pie por el margen este de Galicia, donde la comunidad gallega se confunde con Asturias.