Bateas en la ría de Vigo / © Miguel Núñez.

Los polígonos de bateas podrían tener que desplazarse de sus ubicaciones actuales a las zonas externas de las rías gallegas en las próximas décadas, para mitigar el impacto del cambio climático en los mejillones. Las proyecciones futuras indican que a finales de este siglo estos moluscos van a estar sometidos a un estrés térmico que se traduce en un crecimiento más lento y en una menor productividad, debido al calentamiento del mar. Así lo concluye un estudio científico firmado por investigadores del Laboratorio de Física Ambiental Ephyslab de la Universidad de Vigo y del Departamento de Física del Centro de Estudios del Ambiente y del Mar (CESAM) de la Universidad de Aveiro (Portugal).

“Nuestros resultados indican que va a haber una pérdida de confort que puede mermar la producción de mejillón”, explica a GCDiario la investigadora principal, Marisela Des Villanueva.

A finales de este siglo los mejillones estarán “sometidos a condiciones de estrés, limitando su crecimiento y, por tanto, disminuyendo la productividad”

Uno de los efectos del cambio climático es el “incremento de la estratificación en la columna de agua”, lo cual “impide la mezcla vertical de nutrientes y oxígeno, lo que tampoco favorece el crecimiento del mejillón”, prosigue la científica. Lo que sucede es que el calentamiento afecta a la circulación oceánica, que se va ralentizando, aumentando la estratificación de la columna de agua y reduciendo la mezcla de aguas profundas (frías) y superficiales (cálidas). Esto explica que la aportación de nutrientes, y en particular los macronutrientes, se esté reduciendo. 

Por otro lado, Marisela Des apunta que “los eventos de algas tóxicas que obligan a prohibir la extracción de mejillones de los polígonos de bateas también están relacionados con la estratificación, y nuestros resultados indican que en el futuro estos eventos pueden ser más comunes, con el consecuente perjuicio económico”.

Así pues, el escenario futuro para el sector mejillonero nos es nada halagüeño. Pero los efectos del cambio climático se podrían paliar.

SITUACIÓN ACTUAL Y FUTURA

En el estudio se realizaron simulaciones históricas que se centran en los últimos 20 años y que permiten conocer las condiciones actuales de las Rías Baixas para poder compararlas con las condiciones futuras. “Según nuestros resultados, prácticamente durante el 100% de los días la temperatura se encuentra dentro del rango óptimo para el crecimiento de los mejillones; esto indica que las condiciones térmicas son muy favorables para que el mejillón crezca y las bateas sean productivas”, aporta Marisela Des.

Aunque esto “puede parecer un resultado irrelevante, puesto que ya sabemos que las Rías Baixas son una de las áreas con mayor producción de mejillón a nivel mundial”, este resultado “permite, en primer lugar, saber que la metodología es buena y obtener los resultados correctos y, en segundo lugar, tener unos valores base con los que poder comparar los resultados de las proyecciones para final de siglo”, clarifica la científica.

En la capa superficial, “los mejillones van a estar sometidos a condiciones de estrés más del 60% del tiempo en más del 50% de los polígonos”

¿Qué escenario dibujan las proyecciones futuras? Bastante complicado. Las proyecciones se centran en los últimos veinte años del siglo XXI (2080-2099) y los resultados indican que la temperatura va a aumentar en toda la columna de agua y en todos los polígonos de bateas. Tendremos mejillones “sometidos a condiciones de estrés, limitando su crecimiento y, por lo tanto, disminuyendo la productividad”, advierte Marisela Des.

Más detalladamente, explica que, dado que los mejillones se cultivan en cuerdas de hasta 12 metros, los científicos dividieron la columna de agua en dos capas: la capa superficial, de cero a 6 metros, y la capa profunda, de 6 a 12 metros.

Se comprobó que “la capa superficial va a ser la más afectada y donde más se va a reducir el confort de los mejillones y, por lo tanto, la producción”, apunta la investigadora.

“Nuestros resultados indican que el incremento de temperatura no va a ser homogéneo en toda la columna de agua. En la capa superficial la temperatura va a aumentar más que en la capa profunda”, comenta.

De este modo, “en la capa superficial pasamos de unas condiciones históricas óptimas prácticamente el 100% del tiempo en todos los polígonos, a que en el futuro este tiempo se reduzca”. De hecho, agrega la científica, “los mejillones van a estar sometidos a condiciones de estrés más del 60% del tiempo en más del 50% de los polígonos”.

En la parte interna de las rías se pasará «de un 100% de tiempo bajo condiciones óptimas a un 20-40%»

En lo que respecta a las capas profundas, de 6 a 12 metros, “el afloramiento de aguas profundas y frías va a mitigar el incremento de temperatura y los cambios van a ser menores”, añade. En la mayoría de puntos, el tiempo bajo condiciones óptimas para el cultivo del mejillón supera el 60% e incluso hay polígonos donde supera el 80%, aunque a los científicos preocupa la parte interna de las rías, “en donde pasamos de un 100% de tiempo bajo condiciones óptimas a un 20-40%”.

De hecho, se observaron diferencias entre áreas de las rías, siendo el incremento de temperatura mayor en la parte interna que en la externa.

La estratificación es otro factor físico importante. “Recientemente hemos publicado un artículo también en Science of the total Environment en el que analizamos la competición entre estratificación y afloramiento, y determinamos que el incremento de la estratificación en el futuro va a limitar el efecto del viento como motor del afloramiento y, por lo tanto, la efectividad de estos eventos de afloramiento va a ser menor”, prosigue Marisela Des.

Un efecto que también se ha observado en este estudio: el incremento de la estratificación restringe el afloramiento de aguas, frías y ricas en nutrientes a las capas superficiales, además de limitar el intercambio de oxígeno a través de la columna de agua. 

Los resultados del estudio indican que va a haber una pérdida de confort que puede mermar la producción de mejillón

Respecto a la estratificación, “el incremento es general” y solo se observa una reducción en las partes afectadas por la descarga de los ríos internos. “Esto se debe a que en el futuro se prevé que la descarga de los ríos sea menor, reduciéndose la estratificación causada por el agua dulce que aportan estos ríos”, aclara.

De este modo, los mejillones van a estar sometidos a condiciones de estrés durante periodos de tiempo mayores. “Esto supone, por ejemplo, que el mejillón cierre la concha y deje de alimentarse hasta que las condiciones mejoren, por lo que el crecimiento es más lento, lo que podría influir en el tamaño del mejillón y afectar a la producción”, advierte la científica.

METODOLOGÍA

Para el trabajo de investigación se utilizó un modelo numérico llamado Delft3D para reproducir las características hidrodinámicas de las Rías Baixas y la costa adyacente.

Primero se calibró y validó con datos de campo, para asegurarse de que el modelo es capaz de reproducir la realidad. Después se ejecutó el modelo para los meses de julio y agosto del periodo histórico (1999-2018) y del periodo futuro (2080-2099). Se escogieron 20 años históricos y 20 futuros para tener datos representativos de unas condiciones generales de la época, no de un año concreto.

«No podemos esperar que los mecanismos de adaptación de la especie sean la solución”, avisa Marisela Des Villanueva

Para realizar las proyecciones futuras se utilizó el escenario de cambio climático RCP 8.5, que es el más pesimista y el más probable (la comunidad científica internacional trabaja con cuatro escenarios diferentes en sus proyecciones, asumiendo diferentes niveles de esfuerzo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global; en cada uno de estos escenarios se tendrían diferentes impactos del cambio climático).

El área de estudio seleccionada son las Rías Baixas, una de las zonas del mundo con mayor producción de mejillones. Según datos de la Consellería de Pesca de Galicia y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en el 2018, la producción acuícola de mejillón aquí fue de aproximadamente 279 000 toneladas, lo que supone más o menos el 40% de la producción europea y el 15% de la mundial.

En esta investigación se analizaron dos variables físicas, la temperatura y la estratificación. “La temperatura es la variable más importante por ser un factor crítico para el crecimiento de los mejillones y la estratificación es un indicador de la capacidad de intercambio de nutrientes y oxígeno a través de la columna de agua”, justifica Marisela Des.

¿SOLUCIONES?

Los resultados del estudio indican que va a haber una pérdida de confort que puede mermar la producción de mejillón. Además, otros estudios indican que los mejillones tienen una capacidad limitada para adaptarse al incremento de la temperatura oceánica, ya que se encuentran cerca de su límite fisiológico. “Por ello, no podemos esperar que los mecanismos de adaptación de la especie sean la solución”, advierte la investigadora.

Los científicos consideran que “cambiar la localización de los polígonos de bateas puede mitigar el impacto del cambio climático”

Entre las posibles soluciones para mitigar el impacto del cambio climático, los científicos consideran que “cambiar la ubicación de los polígonos de bateas puede mitigar el impacto del cambio climático”. Más concretamente, indican que “las áreas externas de las rias parecen ser más recomendables para nuevas ubicaciones”.

Marisela Des resalta que este estudio presenta un “enfoque novedoso” que es necesario complementar con estudios de otra naturaleza que analicen otros parámetros. “Así podríamos entender mejor el impacto del cambio climático, lo que permitiría desarrollar un plan de gestión y mitigación adecuado”, comenta.

“Quizá el mejor consejo que pueda dar es que la industria acuícola también se puede implicar en nuestro trabajo; son los que mejor conocen el ecosistema y sus observaciones pueden ayudarnos”, agrega.

La investigación se realizó durante el desarrollo de una tesis doctoral financiada con un contrato predoctoral de la Xunta de Galicia y se enmarca dentro del proyecto MarRISK, en el que se analiza el impacto del cambio climático en Galicia y la región norte de Portugal.

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