El acusado de maltratar y agredir sexualmente a la hija de su entonces pareja, una niña que tenía cuatro años cuando ocurrieron los hechos, ha negado este martes ante la Audiencia Provincial de Lugo la mayor parte de las acusaciones que pesan sobre él y únicamente ha reconocido haberle dado un azote en el culo en una ocasión.
La Fiscalía solicita para él 12 años y medio de prisión por tres delitos de maltrato en el ámbito familiar, uno de maltrato habitual y un delito continuado de agresión sexual a menor de 16 años.
El procesado, que ha declarado el último tras dos días de proceso, únicamente ha respondido a preguntas de su abogado asegurando que durante el tiempo que convivió con la menor actuó con ella «como cualquier padre, tratando de guiarla y reprenderla cuando era necesario». Ha explicado que nunca tuvo conflictos importantes con la niña, aunque sí «la reñía» en determinadas ocasiones.
En este contexto, ha reconocido que en una ocasión le dio un cachete en el culo después de que la menor se orinase encima. Según su versión, la niña tenía problemas para controlar la orina porque se quedaba jugando y no quería dejar de hacerlo. El acusado ha relacionado esta conducta con la situación familiar de la menor y con el hecho de que, según ha señalado, anteriormente no había tenido juguetes y «la ansiedad le podía».
Frente a las acusaciones de haberla golpeado, zarandeado o agarrado del pelo y de las orejas, el hombre lo ha negado de forma tajante. También ha rechazado que existiesen comportamientos de carácter sexual con la niña.
Así, ha explicado que se duchaba con ella, pero ha defendido que lo hacía con normalidad y que en ocasiones estaba presente la madre de la menor. También ha negado que besase a la niña en la boca y ha señalado que los besos que le daba eran en la cara o en la frente, ya que, según ha afirmado, nunca le han gustado los besos en la boca entre padres e hijos. Asimismo, ha rechazado que existiese el supuesto juego de «las princesas» al que se refiere la acusación.
El procesado ha relatado además que la relación con la madre de la niña terminó después de que esta conociese a otra persona. Según su versión, la ruptura se produjo en enero, aunque esta podría haberse producido antes, pero él quiso seguir vinculado a la menor porque «la quería mucho».
También ha asegurado que la niña era muy dispersa y que hacía amigos con facilidad, al tiempo que ha señalado que no estaba acostumbrada a tener una figura paterna.
En su declaración, ha hecho referencia igualmente a una denuncia anterior presentada por la madre por malos tratos que, según ha indicado, terminó archivada.
PERITOS NO OBSERVAN LESIONES FÍSICAS
Durante la segunda jornada del juicio también han declarado profesionales sanitarios que atendieron a la niña. Una pediatra del servicio de Atención Temprana ha descrito a la menor como una niña alegre y ha explicado que acudió en varias ocasiones al servicio sin que ella relatase ningún episodio que le hiciese sospechar de una situación de maltrato. La profesional ha señalado además que nunca observó hematomas ni restos físicos de agresiones.
Otro de los profesionales que ha intervenido ha sido el médico forense que examinó a la menor después de que se presentase la denuncia. Según ha explicado, acudió al HULA, donde la niña ya estaba siendo atendida por pediatras el día de la denuncia y que no encontró restos de agresión en la exploración. La menor, que entonces tenía cinco años, le habría manifestado que el acusado le daba azotes en el culo, aunque el médico ha asegurado que no observó en ella signos de miedo durante la exploración.
También ha declarado una pediatra que participó en la exploración de la niña y que ha reconocido que no recuerda personalmente los detalles de aquella intervención, aunque ha señalado que, si los hechos aparecen recogidos en la documentación médica, es porque así los relataron en su momento. Entre los aspectos que figuran en esa documentación se encuentra la referencia al supuesto juego de «las princesas».
Los psicólogos forenses consideran compatibles las declaraciones de la niña con la denuncia Las psicólogas forenses que han intervenido en el juicio han explicado el procedimiento seguido para obtener la declaración preconstituida de la menor, que en aquel momento tenía ya seis años. Según han señalado, la niña estuvo acompañada por una psicóloga durante la prueba y presentó inicialmente una actitud de reserva, respondiendo en numerosas ocasiones que no recordaba lo ocurrido.
Las profesionales han explicado que, a medida que fue adquiriendo confianza, la menor comenzó a aportar más información. También han señalado que negó inicialmente algunos hechos que posteriormente pudieron contrastarse con elementos objetivos, como determinadas visitas médicas.
Las psicólogas han indicado que no apreciaron en la menor intereses que pudiesen llevarla a mentir sobre lo sucedido y que tampoco la consideraron una niña especialmente sugestionable. A su juicio, su relato presenta consistencia y tanto lo manifestado por ella como su comportamiento son compatibles con una situación como la denunciada.
La niña se encontraba en el momento de la declaración en un centro de menores, según se ha expuesto durante la vista. Las psicólogas han destacado las dificultades que presentó inicialmente para prestar declaración y la importancia del acompañamiento recibido por parte de los profesionales de atención a víctimas.
La Fiscalía ha elevado antes del comienzo de la vista su petición de pena hasta los 12 años y medio de prisión, aunque en un principio pedía 9 años y medio, así como 12.000 euros de indemnización. La acusación particular, por su parte, plantea también penas de prisión por los distintos delitos de hasta 9 años y una indemnización de 10.000 euros.
Además, la acusación solicita diez años de alejamiento y vigilancia y otros tantos de limitación de la patria potestad y para el ejercicio de profesiones vinculadas a menores.

