El sector apícola gallego se ha unido y da un plazo de 30 días a la Xunta para que articule soluciones ante la «crisis sin precedentes» que viven, según denuncia, las en torno a 4.000 explotaciones de la comunidad.
En los últimos años, según advierten sus responsables, si bien el número de productores se mantiene –en torno a la mitad se dirige al autoconsumo–, lo que sí merma es la producción.
Por ello, han registrado este jueves en la Xunta un manifiesto bajo el lema ‘Por nuestras abejas, por nuestro futuro y por nuestra tierra! Stop Velutina y el abandono institucional!’.
En declaraciones a los medios de comunicación, el representante del Sindicato Labrego Galego-Comisións Labregas (SLG-CCLL), Brais Álvarez, ha destacado que los colectivos exigen a las administraciones, en concreto a la Xunta, a la Fegamp y al Ministerio de Agricultura, financiación para investigación científica pública, compensaciones económicas por pérdidas y sobrecostes, defensa del mercado local y etiquetado transparente, la creación de una mesa permanente de apicultura gallega y la protección de las abejas en la política agraria común (PAC).
Firman el manifiesto, junto a SLG-CCLL, la Agrupación Apícola de Galicia, la Asociación Apícola Abellas Nais, la Asociación Casa do Mel, la Asociación de Apicultura Serra da Carba, Asociación Galega de Apicultura y la Asociación Provincial Lucense de Apicultores.
La portavoz de la Agrupación Apícola de Galicia, Esther Ordóñez, ha hecho referencia a la relevancia de las abejas como «guardianes invisibles» del territorio y ha resaltado que cuidarlas es «cuidar el medio ambiente».
«RIESGO DE DESAPARECER»
«Si en 30 días no hay soluciones, el sector valorará acciones: si no hay soluciones, movilizaciones», señalan las asociaciones en un comunicado de prensa.
Advierten de los efectos del cambio climático, los incendios forestales, la pérdida de biodiversidad, el encarecimiento de los costes de producción, la varroa y «de manera muy importante la invasión incontrolada de la avispa velutina, que han llevado a la «crítica situación» en que se encuentra el sector. Una «tormenta perfecta» en la que, según avisan, corren «el riesgo de desaparecer».

