El portavoz del PPdeG en el Parlamento gallego, Alberto Pazos, exige al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, una «acción decidida» ante la crisis migratoria en Ceuta, que ve «fruto de la confluencia de muchas circunstancias».
«Lo que estamos viviendo es gravísimo, una situación que desborda las capacidadesd el gobierno ceutí», ha advertido, a preguntas de los periodistas en una rueda de prensa.
Ante esto, y ante la «petición unánime de todos los representantes públicos de Ceuta pidiendo», Pazos ha instado a Sánchez a no mirar «para otro lado».
Ha advertido de que se trata de una ciudad de 85.000 habitantes y menos de 20 kilómetros cuadrados «que está recibiendo un aluvión de entre 20.000 y 45.000 personas, según las fuentes», lo cual considera «francamente inasumible».
Por eso el popular ha pedido «compromiso» a «todas las administraciones públicas para apoyar a una ciudad española». «Espero que todos estén a la altura de las circunstancias de lo que merecen los ceutís», ha incidido.
Cuestionado por la polémica con Italia, el portavoz de los populares gallegos en la Cámara autonómica ha dicho que quiere tomarse la situación «más en serio de lo que está haciendo el Gobierno de España».
SENTENCIA, «EFECTO LLAMADA» Y CONTROL DE FRONTERAS
En este sentido, ha apuntado a la «confluencia de muchas circunstancias», puesto que «hay una sentencia» que «evidentemente puede tener su importancia», algo que no niega, y también interpreta como «evidente» un «efecto llamada» que «tiene su importancia» y cree que «nadie lo puede negar».
A mayores, indica que «el control de las fronteras tiene una importancia capital» y le preocupa «mucho» que si es «óptima» se esté viviendo esta situación. «Qué pasará cuando sea deficiente?», se ha preguntado.
Ante todo esto, califica de «máxima» la responsabilidad del Gobierno, al que pide «medidas efectivas y a la mayor brevedad». «Todo lo que no sea eso está poniendo en grave peligro la vida diaria de los ceutíes que qieren recuperar la normalidad», ha concluido.
Por último, ha resuelto que es «momento de hablar con el vecino del sur y no abrir nuevos frentes de confrontación con otros países europeos que comparten la preocupación» ante la crisis.

