Un estudio del Grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Neurológicas (ITEN) del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS) ha detectado alteraciones plasmáticas en péptidos amiloides en pacientes con depresión.
En un comunicado, el IDIS ha señalado que el trastorno depresivo mayor (TDM) se ha asociado en numerosos estudios con un riesgo más elevado de deterioro cognitivo y trastornos neurodegenerativos, como la enfermedad de Alzheimer. No obstante, apunta que los mecanismos biológicos que podrían explicar esta relación siguen siendo poco conocidos.
En este contexto, explica que el estudio, realizado en colaboración con el servicio de Neurología del CHUS y el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS), ha encontrado alteraciones en los niveles plasmáticos de péptidos beta-amiloide en pacientes con diagnóstico de trastorno depresivo mayor.
El IDIS ha señalado que el trabajo, recientemente publicado en la revista ‘International Journal of Molecular Sciences’, constituye el primer estudio realizado en España que evalúa de manera simultánea, mediante la tecnología SIMOA, diversos marcadores relacionados con el metabolismo amiloide y el daño neuroaxonal y astroglial en plasma de pacientes con trastorno depresivo mayor (TDM), en comparación con un grupo control sano, y su asociación con la gravedad de los síntomas depresivos, la anhedonia y el estado cognitivo.
Inicialmente, estos marcadores se han medido en líquido cefalorraquídeo obtenido mediante punción lumbar, una técnica invasiva, costosa y dolorosa para el paciente.
«El análisis en sangre periférica permite obtener información biológica relevante a partir de una simple extracción y una consecuente centrifugación, lo que supone una ventaja clara tanto para los pacientes como para el sistema sanitario», explica el colíder del grupo ITEN y responsable de la plataforma SIMOA HD-X del IDIS, el Dr. Agís-Balboa.
MEDICIÓN SIMULTÁNEA DE CUASTRO MARCADORES
Utilizando la tecnología SIMOA, en el estudio se midieron simultáneamente cuatro marcadores: los péptidos beta-amiloide 40 y 42, el neurofilamento ligero (NfL), indicador de daño neuroaxonal, y la proteína ácida fibrilar glial (GFAP), asociada a la activación astroglial.
Tras ajustar por edad y sexo, los resultados mostraron que los pacientes con TDM presentaban niveles plasmáticos reducidos de los péptidos 40 y 42, en comparación con los controles sanos, mientras que no se detectaron diferencias significativas en NfL y GFAP. «Hasta donde sabemos, este es el primer estudio en depresión mayor que emplea SIMOA para medir de forma simultánea los cuatro marcadores en plasma», señala Agís-Balboa.
«La reducción observada en los péptidos beta-amiloide es consistente, pero no va a acompañada del patrón típico del Alzheimer donde se observa una reducción en la tasa relativa del péptido 42, respecto a la del 40» lo que se conoce como ratio A*42/A*40. Por otro lado, las investigadoras María de los Ángeles Fernández Ceballos y Lara Vidal Nogueira, primeras coautoras del trabajo, subrayan que los niveles NfL y GFAP, como ya sugiere la bibliografía en otros estudios, se asocian fundamentalmente con la edad, y no con la presencia de depresión en sí.
«Estos marcadores tienden a aumentar con la edad, independientemente del diagnóstico de depresión, aunque llama la atención observar que hay un ligero incremento en ambos marcadores en el grupo depresión para cada rango de edad, aunque no alcance significancia estadística», explican.
Un aspecto especialmente relevante del estudio es que la cohorte de pacientes con depresión mayor no presentaba deterioro cognitivo incipiente ni correspondía a población de edad avanzada. Los participantes fueron evaluados para la gravedad de los síntomas depresivos, así como por pruebas cognitivas estandarizadas. «La mayoría de los trabajos que analizan la depresión como factor de riesgo se centran en personas mayores o con deterioro cognitivo leve. En nuestro caso, eso no ocurría, lo que hace los resultados puedan ser especialmente interesantes», apunta Agís-Balboa.
No obstante, los autores insisten en la necesidad de interpretar los hallazgos con extrema cautela y en un marco fundamentalmente exploratorio. Así, Carlos Fernández Pereira, investigador del estudio, señala que «la reducción de los niveles de beta-amiloide podría estar relacionada con otros factores sistémicos o metabólicos que puedan estar correlacionados o no, a la depresión, y no necesariamente vinculado a un proceso neurodegenerativo subyacente».
Es decir, «la hipótesis del estudio se encuadra en analizar marcadores periféricos que se encuentran alterados en Alzheimer, y dado que la depresión es un factor de riesgo, nos parecía interesante ver qué ocurre en estos marcadores con pacientes con diagnóstico, pero sin deterioro cognitivo incipiente o edad muy avanzada».
Así mismo, los investigadores reconocen limitaciones importantes, como el tamaño muestral modesto y la potencial influencia de factores de confusión, entre ellos el tratamiento farmacológico o el índice de masa corporal. «Nuestro estudio es transversal y observacional, por lo que no permite establecer relaciones causales. Es imprescindible avanzar hacia estudios prospectivos de medidas periféricas para comprender mejor la compleja interfaz entre depresión que pueda asociarse en un futuro con una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer», comenta el Dr. José M. Prieto, Jefe servicio de Neurología del CHUS. «De esta forma, podría verse la evolución de esos marcadores en la periferia desde la depresión mayor hasta la demencia».
El trabajo ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y el Instituto de Salud Carlos III, y pone de relieve la importancia de la colaboración interdisciplinar entre personal de enfermería, psiquiatría, neurología, psicología clínica y personal investigador de laboratorio para avanzar en el desarrollo de biomarcadores en psiquiatría.

