La restauración como bien público del pazo de Meirás y la casa Cornide será un paso importante de cara a la recuperación de la memoria histórica, según los historiadores e investigadores que trabajaron sobre este tema. Porque, aún pasadas más de cuatro décadas de la muerte de Franco, la inviolabilidad de su figura y de sus descendientes fue una constante durante estas últimas décadas.

Tanto es así, que todas las iniciativas presentadas desde los años 80 encaminadas a la investigación de crímenes del franquismo, así como la investigación e inventario de las posesiones de esta familia, tropezaron con fuerza contra obstáculos y silencios administrativos y judiciales. Ni siquera la Ley de Memoria Histórica impulsada por Rodríguez Zapatero fue bastante para apurar acciones legales contra el “relato” de la apropiación de inmuebles y propiedades que acabaron dentro del patrimonio familiar de los Franco.

PAZO DE MEIRÁS, UN RELATO, UN “REGALIÑO”

La “historia oficial” y que permanecía en la memoria de la gente era “el pazo fue un regalo” de A Coruña a los Franco “hasta que comenzamos a informar de los descuentos de nóminas, quedar marcado por no entregar dinero para colecta” señala el historiador Manuel Monge autor de Os restos do franquismo en Galiza. Así en 1938, las élites de A Coruña, para congraciarse con Franco, deciden entregar el pazo al dictador. Entre esas élites estaban Pedro Barrié de la Maza, Alfonso Molina y Sergio Peñamaría. El objetivo era que Franco pasara el verano cerca de A Coruña y ellos así verían consolidado el suyo poder e influencia.

Además, propiedades de vecinos fueron tomadas por la fuerza para ampliar el perímetro de la propiedad. Para formalizarla esto, se firma una escritura de compra-venta entre la heredera de Emilia Pardo-Bazán y la Junta Provincial Pro-Pazo del Caudillo, por 400.000 pesetas. “En el documento ya figuraba la intención de donárselo al jefe del Estado” dice Manuel Pérez, coautor con Carlos Babío, del libro Meirás. Un pazo, un caudillo, un expolio.

En 1941 Franco quiere que el pazo sea propiedad particular suya. “Crean una nueva escritura de compra-venta donde la misma persona que lo vendió lo vuelve a vender pero ahora a Franco” dice Pérez, “una venta fraudulenta”. Aun así, fue el Estado durante la dictadura quien llevó todo el mantenimiento y cuidados del pazo.

CASA CORNIDE, El CAPRICHO DE CARMEN POLO

La Casa Cornide fue comprada en su momento por el ministerio de Educación y Ciencia, a través de la Dirección General de Cultura, a la familia Cornide. “Se usó como edificio cultural, la gente de la ciudad vieja decía que se proyectaban películas en el “Local de los Tomasinos” los domingos” dice Manuel Monge.

Durante el franquismo, Carmen Por el “se encaprichó con la casa porque iba a la misa a la Colegiata en la misma calle y preguntó de quien era esa casa tan bonita” señala Monge. Desde el Ayuntamiento de A Coruña estuvieron dos años a ver como hacían. “La primera salida era regalársela a Franco, pero eso sería escandaloso”.

“Lo que hicieron fue a fingir una subasta”. A dicha subasta se presentaron Barrié y el jefe del Movimiento en A Coruña. La casa se la llevó Barrié por 300.000 pesetas, y “automáticamente” el Ayuntamiento esa misma tarde acuerda que esa propiedad era de Barrié. Después el mismo Barrié inscribe la casa a nombre de Carme Polo, pero en las escrituras figura que se la vendieron la Carmen Polo por 25.000 pesetas, relata Manuel Monge.

La permuta sobre esta casa era que el Ayuntamiento a cambio recibía unos terrenos en San Roque de Fóra, donde estuvo por ejemplo la Escuela de Náutica. “Quien jugó un papel muy importante fue Sergio Peñamaría de Llano”.

El CAMINO DE LA TRANSICIÓN ESTABA LLENO DE OBSTÁCULOS

“Las élites del franquismo entraban y salían de Meirás y, a pesar de la muerte del dictador, su familia se consideraba impune” dice Manuel Pérez. Esto hizo que desde 1975 hasta el día de hoy los Franco pudieran entrar y salir de Meirás y lo mismo en Casa Cornide. Incluso consolidada la democracia, las iniciativas para actuar sobre estos inmuebles quedaron “paralizadas”.

¿Por qué durante décadas se pasó por alto lo sucedido con Cornide y Meirás? “Juan Carlos I, estuvo siempre agradecido por quien lo puso como rey. Les concedió los títulos de Ducado de Franco y Señorío de Meirás” señala Manuel Monge. “La familia Franco siempre estuvo protegida, la viuda, Carmen Polo, cobraba más que el presidente del Gobierno”.

Monge relata que ya en 1983, cuando formaba parte de la corporación del Ayuntamiento de A Coruña, se había pedido que Meirás pasara la propiedad pública. El voto en contra de AP (ahora PP) paralizó la iniciativa. Aparte de esto, la búsqueda de la información para dar con las pruebas de que la “cesiones” habían sido fruto de maniobras desde la élite coruñesa no fue fácil.

“La documentación estaba esparcida en archivos militares, en el archivo provincial de A Coruña y en otros casos, la documentación aún sigue restringida al público” dice Pérez. “La Transición consolidó la posición de muchas personas relacionadas con el régimen franquista”. Aun así, hasta 1990 el Gobierno se hizo cargo de la seguridad de Meirás y también se hacen obras de restauración después de un incendio en 1978.

A partir de 2005 comienzan las marchas sobre el pazo de Meirás, las reclamaciones sobre la Casa Cornide y a partir de ahí, los Franco también retoman la actividad a favor de preservar lo que ven como suyo. “Los Franco recibieron multas simbólicas por no abrir el pazo los días señalados por el juzgado” relata Pérez. “La Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña enviamos escritos al PSOE sin respuesta” recuerda Monge.

A día de hoy, el juzgado prohibe a los Franco mover piezas del interior del pazo de Meirás. Incluso hubo conversas entre instituciones como la RAG y la Xunta para que la biblioteca de Pardo-Bazán quede en Galicia. Esto porque la Xunta es poseedora de las competencias sobre cuestiones de patrimonio.

“Feijóo sube al carro a última hora, cuando durante décadas el PP se oponía a la devolución” apunta Manuel Monge. “Hay que recordar a Feijóo en qué partido está, porque no lo quiere ver, la Fundación Francisco Franco tiene donantes ligados al PP”. Manuel Monge insiste en que desde el PSOE también guardan silencio.

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