A morte de Galicia es un análisis del actual fenómeno de envejecimiento de la población y de los ítems que la acompañan?

El libro es un ensayo histórico que va contra la reinterpretación de nuestra historia, concretamente de nuestra historia demográfica y social, sobre todo en dos puntos que tienen un peso muy importante, la emigración y la vejez. Ambos son elementos muy importantes en nuestra historia y que estaban siendo cuestionados por una interpretación interesada, que analizaba la interpretación demográfica y social de Galicia. Dicha interpretación se importó de Francia en su estado original de comienzos del siglo XX, y a la que se conoce con el nombre de natalismo. Es muy sorprendente ver funcionar el viejo natalismo francés de 1900 a 1940, que es una interpretación muy conservadora contra la modernidad y el progreso, en la Galicia de principios del siglo XXI en estado puro. Una visión sin originalidad y que, como se pudo demostrar en los diferentes trabajos del libro, pretende hacer una relectura y reinterpretación de nuestro pasado histórico.

-¿Elegir la línea del “ natalismo” no es algo así como buscar una interpretación “cómoda”, para afrontar la despoblación?

El natalismo propone una lectura de la realidad que no es real. Una lectura demográfica, pero también económica, social e ideológica de la realidad gallega que está fuera de la realidad. No puedes analizar la realidad demográfica y social de la Galicia del siglo XXI con los mismos argumentos del siglo XX. No olvidar que el natalismo es una ideología con unos trazos determinados. La demografía de Galicia no se puede leer hoy con los mismos argumentos que los de 1900-1940. En el libro se demuestra que estas interpretaciones, salidas y fomentadas por ciertas instituciones políticas y culturales de Galicia, se tomaron palabra por palabra de la interpretación francesa del siglo XX. Se atribuye la realidad demográfica del país una fase de “decadencia”, como se la población tuviera una fase de nacimiento, juventud, plenitud y decadencia. No se puede hablar con los mismos términos que si fuera una persona que nace, crece y muere. Según esos principios natalistas, la responsabilidad de la “decadencia” demográfica recae primero en los viejos y luego en las mujeres, a las que se acusa de ser responsables de la caída de la fecundidad. Es ese discurso de la “negativa de las mujeres a aceptar su rol natural de ser madres”. Y nunca te dicen por que, o sea, nunca se habla de sus bajos salarios, alta movilidad en el empleo y subempleo. Y luego, decir que la despoblación es consecuencia del envejecimiento poblacional y de la caída de la fecundidad es negar la realidad histórica de la emigración. Si estamos hoy en esta situación demográfica, yo entiendo que es en gran parte por los efectos acumulados de la emigración de décadas pasadas.

Es muy sorprendente ver funcionar el viejo natalismo francés de 1900 a 1940, en la Galicia de comienzos del siglo XXI en estado puro.

-¿Cuáles son esos efectos?

Desde el siglo XIX Galicia conoce tres grandes olas migratorias con treinta años de diferencia entre ellas. Durante ese tiempo se perdieron alrededor de un millón de gallegos de entre 15 y 35 años, gente muy joven que estaba en el momento de poder tener hijos a la sociedad gallega. Esos aportes no se produjeron, se produjeron tarde o cuando ya no se tenían los hijos que uno habría querido o habría podido tener. Es decir, hasta los años setenta la emigración tuvo como consecuencia la pérdida de esos emigrantes y de los aportes demográficos que esta gente podría haber hecho al país. Cada ola migratoria implica pérdidas de gente joven y de su posible descendencia, y eso hace frenar el crecimiento poblacional y que la población envejezca, esto último, porque hubo también una mejora en condiciones de vida y en sanidad. El envejecimiento de la población no se produce solo porque no se tengan hijos, es un proceso más complicado. El natalismo indica que la culpa del envejecimiento es de las mujeres y de los propios viejos, que son criminalizados y señalados.

-En el libro se apuntan cinco grandes vagas migratorias en la historia de Galicia. ¿Vamos a por la sexta?

No, ahora mismo estamos en el comienzo de la quinta. Mas desde mediados del siglo XIX hubo tres grandes vagas. La primera de 1860 a 1930, la segunda de 1950 a 1975. Esta segunda supuso que en 1970 hubiera en Galicia menos población que en 1950. Eso muestra su impacto demográfico. Y la tercera comienza unos años antes de la crisis de 2008, que es cuando se inicia un ciclo de entradas y salidas del país, en el que pesarán y se consolidarán las salidas a medida que cuaje la crisis.

Según los principios natalistas, la responsabilidad de la “decadencia” demográfica recae primero nos viejos y luego en las mujeres.

-Entiendo que existen unos factores detrás de todas estas olas emigratorias. ¿Cada una de esas olas tiene sus factores determinados?

Esas olas son motivadas por la situación socioeconómica de Galicia. Desde la entrada en la Unión Europea, todo el dinero que llega a Galicia no fue capaz de crear empleo de calidad y de futuro. Hoy por hoy, tenemos la generación mejor preparada de nuestra historia, y esa generación se estaba formando durante la llegada de todas esas ayudas, pero una vez lista se encontró sin un mercado de trabajo acomodado a sus competencias y sin un trabajo de calidad y de futuro en el país. ¿Qué ha sido de todo ese dinero? Ahora vemos titulados y tituladas universitarias subempleadas, empleadas en precario y mal pagadas, sin perspectivas en Galicia y lo que hacen es emigrar. Hablar de emigración es hablar de las causas sociales y económicas que la impulsan. Unas causas que también tienen que ver con la existencia de unas determinadas relaciones de poder, que poco parecen haber mudado.

-¿Existe algún motivo para revalorizar o volver a poner sobre la mesa el natalismo cómo política demográfica?

Galicia se convirtió estos últimos años en un laboratorio de determinadas “propuestas demográficas” promovidas por la Xunta de Galicia que presenta avaladas “científicamente” por determinados “institutos de estudios”, digo institutos porque así se autodenominan los thinks tanks del PP en Madrid. Los estudios de estos thinks tanks son claramente ideológicos, destinados a promover y a avalar una política demográfica y social centrada en los valores de la familia tradicional y en el diferente rol sexual y social de hombres y mujeres. A estas últimas les tocaría ser madres y amantes esposas, para así fomentar la natalidad. Pretenden de este modo revertir la situación demográfica de Galicia. Pero son presupuestos muy ingenuos que copian en parte el viejo modelo natalista del franquismo con ese discurso de “tú ten hijos, que yo te pongo la guardería gratis, te doy un plus salarial por hijo…”. Está históricamente demostrado que ese tipo de políticas no promueven la natalidad. Animar a tener un hijo en la sociedad de hoy en día supone que tienes que tener en cuenta a libertad de la pareja, la libertad de la mujer y luego sus circunstancias económicas y sociales concretas de una parte y de otra. Hay que tener medios materiales para criar a los hijos. De hecho, hay encuestas de la propia Xunta en las que se preguntaba a las chicas: “¿cuántos hijos vas a tener?”. La respuesta era uno. Luego le preguntaban cuántos querrían tener, y la respuesta era dos o más. Detrás de estas respuestas hay un cálculo de las posibilidades económicas y sociales de uno mismo. Es la situación económica y social en la que te desarrollas la que te da o te quita posibilidades de tener los hijos que quieres. Las políticas demográficas natalistas acaban en este sentido convertidas en políticas ideológicas.

Animar a tener un hijo en la sociedad de hoy en día supone que tienes que tener en cuenta a libertad de la pareja, la libertad de la mujer y luego sus circunstancias económicas

-No obstante, se han ido creando e implementando políticas de conciliación durante los últimos años.

Las políticas de conciliación propuestas en Galicia poco o nada tienen que ver con las políticas de conciliación real que se practican en Europa. Aquí la conciliación sería el “teletrabajo” o la guardería gratis, sin más. Eso es presentado como conciliación, pero realmente no lo es. La conciliación para las mujeres es que accedan y no abandonen el mundo laboral, que tengan empleo de calidad y de futuro en él y que sus perspectivas y ambiciones laborales no se vean afectadas negativamente por el hecho de ser madres. Hace unos años, la presidenta de la pequeña y mediana empresa de Madrid, que era una mujer, decía en declaraciones públicas que prefería contratar a mujeres mayores, ya en la menopausia, que la jóvenes nuevas que habían podido tener hijos. Esa mentalidad empresarial no fomenta la natalidad, si quieres ese fomento, aumenta los salarios, da estabilidad, incrementa la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo, haz que no lo abandonen y que la maternidad no condicione sus perspectivas vitales y su carrera laboral.

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