«Es fundamental tener referentes. Yo, con 15 años, era una tía rara porque tocaba el bajo». La ilustradora Laura Romero, a la par de la escritora Iria Pedreira, decidieron recuperar la memoria de todas aquellas mujeres gallegas pioneras en músicas muy diversas, porque las hubo, pero pocos supieron de ellas. Su objetivo, por tanto, era descubrir y revindicar nuestras ancestras, aquellas que se abrieron paso en el rock y en el bravú, en el punk, en el heavy… Y en todos los estilos musicales que se nos puedan pasar por la cabeza.

Así es como nace y crece, de la mano de la editora Baia Edicións y al amparo del concurso Luísa Villanta de la Diputación de A Coruña, el libro ‘Ferreñas e Rock and Roll. Crónica ilustrada das nosas músicas máis singulares’, que acaba de presentarse este miércoles en la librería compostelana Lila de Lilith. Se trata de un anecdotario de más de treinta mujeres o formaciones íntegramente femeninas «que marcaron un antes y un después tanto nos sus respectivos estilos como en el conjunto de la música gallega«. En él aparecen nombres fundamentales que, aunque suene contradictorio, no habían trascendido más allá de su tiempo.

Cuenta Iria Pedreira que son «mujeres bravas» que, desde el siglo XIX y hasta el año 2000, lucharon por conquistar su merecido espacio dentro de la industria musical. No fue sencillo dar con ellas, pero ahí están, para recordarnos que «procedemos de la diversidad».

«¿DÓNDE ESTÁN LAS COMPAÑERAS?»

Laura Romero entró en Zënzar, una de las formaciones más longevas del rock gallego, en el año 2016 como bajista. «Yo siempre fui muy festivaleira, pero no conocía ninguna guitarrista», relata. Esa ausencia de referentes comenzó a preocuparla. Cuando subía a un escenario de cualquier festival del país, se enteró de lo que nunca se había enterado yendo como parte del público. «Mi cabeza hizo click. Me pregunté: ‘¿Dónde están las compañeras? Realmente hay pocas músicas o están escondidas?'».

Pasaron los años y sigue sin encontrar una respuesta que la convenza. Pero por el camino investigó a conciencia y descubrió que, realmente, nunca había estado sola. Poco a poco fue naciendo en su cabeza un proyecto que unía música e ilustración y que pretendía visibilizar a estas mujeres que había ido descubriendo. Se llamó ‘Músicas Galegas Ilustradas‘, un trabajo que enseguida consiguió la repercusión merecida y que sigue hoy en día en el camino. En los comienzos lindaba con este otro: ‘Mulleres Galegas Kañeras‘. A Patty Castro, su impulsora, le pasó algo semejante a lo de Laura. El día en que se preguntó dónde estaban las mujeres del heavy y del rock se puso a investigar para tejer alianzas y hacer comunidad.

Es así, desde la búsqueda consciente y activa, como se encuentran las historias verdaderamente alucinantes. Una de las primeras que fascinó a Laura Romero fue la de la señora Xosefa de Bastavales, natural de Tordoia (Ordes). Esta mujer, cuenta Romero, se hizo muy amiga de Manu Chao y organizó junto a él una ‘minigira’ en el año 1997. «Con toda la tropa del bravú», esta mujer que llevaba a espaldas tanto vivido y tanto trabajado, emprendió un viaje muy especial. «Xurxo Souto me contaba historias de ella. Le decían: ‘Xosefa, mira que tenemos que pasar por Madrid y llegar a León, guarde la voz!’ A los 20 kilómetros ya estába afónica!», relata Romero. En uno de los conciertos a gente acabó coreando su nombre. Fue toda una ídola.

«¿Y por qué nadie me había hablado de ella?«, «¿Qué más Xosefas hay?». A Laura Romero se le amontonaban las preguntas en cabeza. Siguió investigando y descubrió a las Garotas de Ribeira, Marisol Manfurada, Lola da Ribeira… Auténticas mujeres del bravú. También había una tal Menchu que quedó de cuarta cuando Raphael ganó el Festival de Benidorm en el año 1962. Y unas tal ‘Voces de Ultratumba’ que fueron pioneras del punk gallego en el 84. Y una Ángeles Lago que se convirtió en la «voz más potente de nuestro hard rock» a finales de los 80. Y una Ana Kiro de la que nos queda mucha historia por conocer. «Cuidado! Ella llegó a escapar de la casa para ser cantante porque su padre era Guardia Civil».

Todas ellas y muchas más son mujeres que habían quedado en el olvido. Mujeres que, por ser mujeres, hoy no forman parte de nuestro imaginario colectivo. Mujeres que hace falta reivindicar.

«CUANTO MÁS SE ENDURECE El SONIDO, MENOS MUJERES HAY»

«Hay gente que dice que a nosotras no nos interesa el rock and roll», dice Romero incrédula. «Nos encantan quedar en la casa fregando los platos!», sueltan con humor desde el público. Lo cierto es que los roles de género implantados por el patriarcado en la sociedad cerraron las puertas de muchos lugares a las mujeres. Patty Castro, la impulsora de Mulleres Galegas Kañeras, observa que cuanto más se endurece el sonido, menos referentes femeninos hay.

Guadi Gallego, que también está a la mesa junto con Uxía y Maribel dos Anjos, ponen el foco en que las mujeres músicas son muchas menos, «tremendamente menos» en comparación con los hombres. La presencia en festivales también es desoladora. Los datos lo avalan y los gráficos de Músicas Galegas Ilustradas lo revelan en un vistazo rápido.

LA TRIBU COMPOSTELANA DE PUNKIS Y HEAVIES

Además, como mujeres siempre «tenemos que demostrar más nuestra valía». Para ser reconocidas, hace falta superar más barreras, «hay que hacerlo el triple o cuátriple de mejor, y aun así, a ver como te portas!». Todas concuerdan en que abrirse paso es difícil, aún hoy. Maribel dos Anjos sabe mucho de las trabas a las que una se enfrenta cuando se sube en un escenario. Ella se juntó con un grupo de chavalas en el año 1989 al amparo de una tribu compostelana de punkis, heavies y rockers. «La música nos movía mucho», recuerda de aquellos años.

«Pero eso sí, si había diez hombres, tres eran mujeres, y porque éramos las novias de los chicos!», ríe. Cuenta que ellas siempre esperaban la que sus compañeros habían rematado de ensayar, pero un día a cosa cambió. «Como quien se reparte un bizcocho», unas cuantas chavalas decidieron dejar de esperar y distribuirse los instrumentos para montar un grupo de música. Así fue, de un día para otro, como surgió Alén, la única banda de punk formada exclusivamente por mujeres en la Compostela de los años 90.

De aquel mundo, Maribel dos Anjos recuerda una mezcla de «hermandad» y «paternalismo» por parte de los hombres dentro de la propia tribu. Y fuera de Compostela han sufrido mucho machismo encima de los escenarios. «Parecía que nos venían a ver los del Neolítico!». A pesar de todo, ellas persistieron durante cinco años en la búsqueda de su espacio. Han ensayado en la SALA NASA, en la Casa Encantada e incluso en garajes. «Al primer toque de batería salían todos los ratones espantados!».

Linda Lamarr dibujada por Laura Romero / Músicas Galegas Ilustradas

REMODELADAS POR LOS INTERESES DE LA INDUSTRIA

Y habrá quien aún se siga preguntando qué hay que reivindicar. Iria Pedreira se sitúa en la actualidad más inmediata para seguir dando motivos: la Super Bowl. En esta final de fútbol que acaba de producirse hace unos días lo que menos importa, en realidad, es el fútbol. Lo que acapara toda las miradas está en el intermedio musical. «Un gran escaparate al que llaman a un montón de mujeres, y de esta vez, además, latinas y no demasiado nuevas. Estamos súper representadas!». La ironía se vuelve a hacer hueco en el discurso hasta que… claro, «ves cosas raras»: van vestidas con bañador, físicamente responden a un canon determinado y casi siempre tienen que hacer movimientos sensuales en el escenario. «Evidentemente, todas tenemos derecho a vestirnos como queramos, a cuidarnos como queramos y a movernos como nos dé la gana, pero, ¿hasta qué punto esa es una decisión enteramente tuya?».

Todo eso ve en consonancia «con los gustos del consumidor», y Pedreira emplea consumidor en masculino «muy deliberadamente». «¿Cuántas veces vemos músicas que pierden su personalidad a favor del márketing? ¿Cuántas veces son remodeladas por los intereses de una industria que hallo francamente cruel?». Son preguntas que Iria deja en el aire.

Frente a todo, hay mujeres que se salen del patrón, mas eso también lleva consigo un costo personal. «Aún a estas alturas de mi vida tengo que luchar por no poner mi cara o mi cuerpo en un disco, aún tengo que luchar por no dar una imagen nos mis videoclips que no me representa», cuenta Guadi Gallego. También Uxía siente que «aún estamos en la búsqueda de la normalización de las músicas del país».

Cuesta. «Hay sambenitos que no te quitas como mujer», dice Guadi. Menos mal que la sororidad siempre está ahí para no dejarnos caer.

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