La ciudad de La Habana adquiere una gran relevancia al repasar la historia de Galicia. En las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX se convirtió en la segunda ciudad del mundo con más personas gallegas habitando allí, sólo superada por Buenos Aires. Más de un millón de españoles cruzaron el atlántico en aquellas décadas, y de ellos, el 40% de los emigrantes eran originarios de Galicia. En esos años contribuyeron activamente en la economía cubana: suponían el 90% de los marineros, el 79% de los vendedores y comerciantes, el 54% de los panaderos o el 43% de los pescadores.

La presencia gallega fue cada vez más numerosa y hoy en día, las historias entre un y otro lugar se siguen entrecruzando en el océano. Allá quedan familias de emigrantes, costumbres, nombres de negocios que hacen alusión a parroquias gallegas… Todo un legado cultural que aquellos hombres y mujeres emigrantes dejaron por la isla de Cuba. Cuando cruzaron el Atlántico, buscaban materializar aquel sueño americano, mas por delante les esperaba una vida precaria, sobre todo a las mujeres: la pobreza y la prostitución recayó sobre muchas de ellas. Con todo, con Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro como luceros guiadores, las mujeres de la emigración desarrollaron un asociacionismo ejemplar, se convirtieron incluso en estrellas del deporte y rompieron con muchos estereotipos en una época en que nada les era favorable.

En el marco del Congreso ‘La Habana Gallega: historia y memorias cruzadas’ organizado por el Consello da Cultura Gallega, el historiador cubano Julio César González Pagés acercó trozos de la historia de esas mujeres que cruzaron el mar y que nunca regresaron a Galicia. Ahora, sus memorias vuelven a nosotros en forma de relatos.

LO COMÚN: HISTORIAS NO GLORIOSAS

Durante la década del diez y del veinte se produjo una explosión de la emigración de Galicia a Cuba. Frente a esa oleada de mujeres viajando a la isla, surgió una alerta alrededor de por qué «emigraban solas». «Una gran parte fueron procesadas judicialmente», cuenta González Pagués. En un contexto de vulnerabilidad, ellas eran la diana del mercado de la pornografía, de la trata de mujeres, de la prostitución, de la delincuencia. «Muchas jóvenes eran violadas justo al llegar, en la primera noche de entrar en La Habana. Siento la necesidad de visibilizalas, porque son las grandes víctimas de los conflictos», relata.

La historia de estas mujeres que caían en las manos de un «gancho» que las llevaba al famoso barrio de Colón, dedicado a la prostitución, aín hoy en día poco se conoce. «Su historia no existe, no es gloriosa». Y contra el olvido, González Pagés rescata de la memoria que muchas emigrantes gallegas formaron parte de redes de trata de mujeres, «que ya por aquel enconces existían, aunque no se les pusiera ese nombre», y que también fueron actrices protagonistas del incipiente mercado de la pornografía en Cuba.

La mayor parte de ellas crubazan de Galicia hasta la isla ahogadas en la pobreza y eran encajadas en perfiles discriminatorios. «Se consideraba uno de los grupos más delictivos al de las gallegas, junto al de las mujeres negras. Un antropólogo catalán trató de demostrarlo mediante características biológicas. La ciencia en aquella época empieza a avanzar, pero también a clasificar y a discriminar», relata el historiador. A muchas de estas mujeres gallegas incluso se les negaba el Sistema de Salud de la isla.

Con el objectivo de darles amparo, surgió en un principio una asociación pequeña pero funcional: ‘Solidariedad Pontevedresa’, la semilla de la posterior Hijas de Galicia (1917). Esta agrupación asumió el «reto» de trabajar por la dignificación de las vidas de estas mujeres. Fue la antesala de la que luego será la mayor organización femenina a favor de los derechos y de la igualdad.

TITINA, LA PRIMERA MUJER QUE MONTÓ EN BICI

Los comienzos en Cuba para las más de 60.000 mujeres gallegas que decidieron decir adiós a su tierra no fueron fáciles. Dentro del Centro Gallego de La Habana se debatió mucho sobre el papel que el género femenino debía adquirir. «Había manuales que indicaban los espacios educativos, culturales y sexuales de las mujeres. En este contexto, ellas comienzan a buscar su lugar dentro del centro gallego», relata el historiador.

Lo buscaron y lo encontraron. Fueron rompedoras. Antonia Martínez, más conocida como Titina, es un caso paradigmático de este empoderamiento femenino: ella fue la primera mujer que montó en una bicicleta en Cuba, y como no, era gallega. Las calles de la Habana, allá por el año 1894, le abrían paso ante la sorpresa de aquel hecho. Enseguida recayó sobre de ella el estigma de la osadía, causó estupor en la sociedad conservadora y machista del momento, e incluso compusieron una canción, aun muy conocida hoy en día, para desprestigiarla. En ella se decía que las mujeres ocasionaban muchos accidentes al montar en este vehículo porque lo manejaban muy rápido. Debían suponer todo un peligro social!

Cuando Antonia Martínez dio sus primeros pedaleos en aquella bicicleta, quizás no era consciente, pero estaba emprendiendo un camino importantísimo, el de la igualdad. Después de ella, otras muchas mujeres comenzaron a moverse por la ciudad del mismo modo. Tal fue el revuelo que aquello causó, que incluso el periódico de la época – el diario Él Fígaro – publicó un editorial – ‘Las cubanas a pie’ – para regular cómo y dónde debían montar en bicicleta las mujeres. «Hay una calle que se llama Damas y allí era por donde se suponía que tenían el permiso», relata González Pagés. «Claro, montar en bicicleta sí, pero con cuidado!», cuenta sarcástico. El 12 de noviembre se cumple el 125 aniversario de su «osadía».

Mujeres emigrantes gallegas en la Institución Hijas de Galicia

ESTRELLAS DEL DEPORTE

«Las emigrantes gallegas fueron líderes en espacios no tradicionales para las mujeres», sentencia el historiador. Todo comenzó alrededor de la institución Hijas de Galicia, un espacio que ayudó a organizar, asociar y visibilizar a las mujeres gallegas en Cuba, que fueron tratadas como personas de «tercera categoría». Hijas de Galicia emergía, en un contexto difícil, como un lugar seguro para ellas. En el sanatorio que gestionaban, que llevaba por nombre ‘Concepción Arenal’ y que sigue existiendo hoy en día, trataban los problemas de salud de los gallegos. Del que más padecían era de enfermedades respiratorias, de manera que este sanatorio se convirtió en un especialista en los remedios más ecológicos para la salud de los pulmones.

Entre ellos, estaba el deporte: el baloncesto, el vóleibol, el squash, el kayak… Las mujeres gallegas comenzaron a practicar todo tipo de actividades y se convirtieron en deportistas muy famosas en Cuba. LLegaron a ser campeonas nacionales de vóleibol y de kayak. La mitad del equipo nacional de Baloncesto también era de origen gallego. En la década de los sesenta jugaron en los escenarios más grandes del país. Fue este el comienzo de toda una nueva generación del deporte en Cuba. «Y todas están invisibilizadas», incide el historiador. «Son mujeres que atravesaron nuestra cultura del deporte, que hoy en día es basto y muy conocido. Las pioneras fueron ellas».

«Es importante saber dónde están las mujeres. Cuando empecé las investigaciones, el mayor reto para mí era comprender qué hacían y cómo lo hacían», relata. Así es como se encontró con que muchas de ellas triunfaban en el deporte.

UNA PRENSA PROPIA

La prensa tampoco se les resistió. Hubo una abundante y sostenida producción periodística a lo largo de todo el siglo XX: las emigrantes sacaron adelante alrededor de 71 publicaciones, y de todas ellas, tres se desarrollaron dentro de Hijas de Galicia – Fragancias, El Faro Gallego y CENIT -. Aunque había intenciones de cortar las alas a este tipo de prensa, se dieron erigido como publicaciones donde las mujeres relataban su vida cotidiana: consejos, recetas de cocina, necesidades y cuidados… «Estas revistas hablaban de cómo cocinar la precariedad de la comida que teníamos en nuestras casas. Hablaban de cuestiones igual de importantes que la vida política. Vivimos en la casa antes que nos Parlamentos», reivindica González Pagés. En aquellas páginas de las revistas estaban muchas claves para entendernos hoy: «Explicaban cómo se vestían, cómo cuidaban la salud… Es importante saber cómo éramos para comprender cómo somos ahora».

Además, si bien la historia siempre asocia las mujeres al ámbito doméstico, González Pagés asegura que las actividades a las que se dedicaban eran de lo más variado: «había una cantidad igual o mayor de mujeres en la industria del tabaco que en el trabajo doméstico». Este estereotipo, junto con el tópico relacionado con la «torpeza de las gallegas en la Habana», fue una sombra permanente sobre las mujeres a lo largo de toda la etapa de acogida en la isla.

El tiempo y el espacio nos separan de estas historias, pero ahí están, en los recuerdos de todas las que las vivieron y las contaron. Cruzaron el océano sin olvidar lo que dejaban atrás y buscando cumplir aquel sueño americano que tanto les habían prometido. Encontraron un mundo bien diferente, pero desarrollaron toda una red asociativa y cultural que hoy en día pervive en muchas costumbres. Son, sin duda, mujeres para la historia.

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